A diferencia de las jornadas anteriores, este miércoles el panorama que se vivió en el Arena Aconcagua dio cuenta de una amplia aceleración en la vacunación de docentes del Nivel Inicial y Primer Ciclo. Unos 5.000 profesionales fueron convocados, 500 cada una hora, pero la espera se hizo tediosa ya que la mayoría se encontraba al rayo del sol.

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“Llegué a las 8 porque vivo en Luján de Cuyo y me vine con tiempo, pero la convocatoria estaba prevista a las 9”, dijo Mirtha, maestra de un jardín maternal.

A ella se plegaron cientos de docentes que expresaron su felicidad por ser vacunadas, pero refirieron que faltó un poco de organización, sobre todo, en los tiempos de espera. Lo cierto es que las puertas del Arena Aconcagua se habilitaron a las 9, misma hora que ingresaban no sólo las docentes sino los enfermeros que las iban a inocular.

“Tendría que haber estado todo en condiciones para que no se formaran estas colas al rayo del sol. Más allá de eso, realmente estamos felices porque nos consideramos privilegiadas con esta dosis”, manifestó Bárbara.

Llegué con incertidumbre

Pasado el tiempo de espera (con una demora de media hora, aproximadamente) María Eugenia, una de las primeras vacunadas aseguró que estaba esperando este momento. “Al principio, cuando nos dijeron que nos iban a vacunar dudé mucho, luego, al escuchar a los profesionales de la Salud, no a los políticos, y ver la evolución de colegas y de otras personas empecé a confiar y accedí a vacunarme”, comentó la docente titular de 2do grado.

A la hora de hablar sobre el regreso a las aulas, la profesional manifestó que “al principio estaba inquieta por saber cómo se iba a dar ese retorno y, la verdad, es que estuvo organizado y contamos con todos los insumos necesarios para mantener la desinfección”.

Sobre el comportamiento de los chicos, la maestra dijo que por suerte respetan y tienen claras las normas, pero nada es igual para ellos. “Saben que no pueden compartir meriendas ni útiles, los recreos ya no son multitudinarios sino que salen por grados, en definitiva, podríamos decir que los pequeños están frenados, pero de a poco la idea es relajarse no en los cuidados de higiene, sino en bajar las expectativas porque las vamos logrando”, agregó.

Tanto María Eugenia como sus hijos y su esposo tuvieron que atravesar la enfermedad desde su domicilio y no fue una experiencia sencilla. “Mis hijos adolescentes no tuvieron problemas, a mi sí me dolió mucho la espalda, perdí el olfato y recién lo recuperé a los 2 meses y mi esposo estuvo cerca de la internación”, contó.

Me vacuné para cuidar a mis padres

Otro de los docentes apostados en el Arena Aconcagua fue Martín, titular de 3er grado. El maestro manifestó estar satisfecho con el logro, lo definió como histórico y necesario, sobre todo para ellos que tanta exposición tienen.

“Estaba esperando ansioso este momento, no tanto por mi, sino por mis padres con quienes aún vivo y temía por su estado de salud”, consignó el educador.

El joven de 27 años expresó que fueron muchos los docentes que accedieron a inocularse. “El rechazo o la indiferencia a la vacuna ha sido muy baja, al principio había desconfianza, pero hoy con los testimonios recogidos sólo hay esperanza. Los docentes saben que esto es histórico y que somos privilegiados”