En noviembre, se cumplirán 93 años del magnicidio más cercano que padeció Mendoza. Se trata del asesinato de Carlos Washington Lencinas, un nombre olvidado tal vez porque fue junto a su padre uno de los primeros populistas del país, cuando el término “populismo” ni siquiera estaba en los actuales discursos de barricada. Los Lencinas surgieron de la cantera radical, pero pronto conformaron un movimiento propio, una suerte de Mendoexit que incidió principalmente en la década del 20 y se enfrentó a los gobiernos nacionales, aún del mismo signo político. Lencinas fue acribillado en medio de un contexto político turbulento en la Argentina que llegaba a 1930 con una democracia que se discutía con argumentos, pero también con sangre. Aquel crimen político, que puede ahondarse en crónicas y estudios posteriores, desató más de una sospecha que culpables sentenciados.

El ataque a Cristina Fernández de Kirchner puso a la Argentina en otra vuelta de rosca. Cómo quedará para el después, es uno de los interrogantes que ya se están haciendo ni bien se puede asomar la nariz tras el shock. ¿Se está configurando un nuevo escenario político luego de este hecho? ¿O, por el contrario, se reforzarán las fronteras ya claramente marcadas? Lo que hoy se discute son las consecuencias de un acto que afortunadamente salió mal, porque si no el país sería un teatro muy distinto al que estaríamos viendo por televisión e ironizando por redes sociales.

Para el politólogo Mario Guerrero, “la polarización y radicalización de la política que hemos estado observando en los últimos diez años es el gran desafío que tenemos sobre la mesa”. Pero en este caso, el analista consideró que el problema no es esta polaridad entre proyectos, sino que se ha construido sobre “preceptos de amor/odio que estructuran la lógica de las fuerzas“.

“Pensar la política argentina en este esquema de polarización-radicalización y enfrentamientos de la sociedad, sumado a un contexto económico que no hace otra cosa que aumentar los niveles de frustración y acorta los horizontes sociales y aspiracionales, no hace otra cosa que generar una tormenta perfecta para que se sigan aconteciendo este tipo de cuestiones”, sostuvo el docente de Ciencias Políticas.

Hay también una escalada de pequeños hechos que, vistos insularmente, parecen inconexos, pero son eslabones de significado. “Los pequeños elementos, cómo es que llegamos a esta situación”, interpretó Guerrero. Y recordó el llamativo detalle que vestía Javier Milei cuando estuvo en Mendoza: un chaleco antibalas. Hay episodios de dimensión más pequeña, como los escraches a figuras que ya están en campaña, que ya daban un alerta. Y así también han habido fotos más violentas, como el día en que Pedro Jofre, un dirigente de ATE, le apuntó y disparó al menos dos veces a un periodista del diario La Mañana, de esa provincia.

“Son pequeños signos que van orientando la cosmovisión política hacia un esquema de confrontación que habilita la violencia política como un elemento de construcción del poder. La reconstrucción del tejido social es muy difícil cuando se constituye la violencia política“, concluyó el analista.  

Del repudio al descreimiento

La única síntesis a la que llegan oficialistas y opositores es que el ataque es un hecho “gravísimo” para la democracia. A partir de ahí, las opiniones de la oposición refuerzan la necesidad de levantar la guardia cuando el peronismo buscará capitalizar el ataque.

Implica pasar ciertos límites de los cuales después es muy difícil volver“, consideró el intendente de Guaymallén, Marcelino Iglesias. Sin embargo, luego marcó la posición del radicalismo mendocino sobre lo que vino después, con Alberto Fernández a la cabeza. “Lo que me pareció grave es la sobreactuación del presidente. Lo que yo hubiera hecho es solidarizarme con Cristina y condenar el hecho. Pero en lugar del feriado, que no tuvo ningún sentido, hubiera bajado la tensión y pedir que por favor reflexionemos todos. Él -por Fernández- le echó nafta al fuego“.

En tanto, el diputado nacional Omar de Marchi (PRO) entiende que, más allá del repudio lógico, la oposición no puede quedar pegada discurso de la Casa Rosada. Por el contrario, cree que “el gobierno, a partir de este lamentable suceso, lo va a transformar en un oportunismo político para intentar dar vuelta un decaimiento sistemático y paulatino del kirchnerismo, por una pésima gestión política”, definió.

Por otro lado, desde la oposición “vamos a intentar que los temas de la pirotecnica y del relato del kirchnerismo no se impongan, porque los problemas de la gente no tienen que ver con la seguridad de Cristina. El Gobierno va a tratar de confundir o esconder y que no se hable de un tema central que es el juicio de Vialidad, justo en la semana donde van a empezar los alegatos de la defensa tratan de armar ‘Santa Cristina'”.

Uno de los que conoce bien a Cristina es Julio Cobos. El ex vicepresidente fue el único mendocino de la oposición en participar de la sesión especial de este sábado en Diputados de la Nación que derivó en más confrontación verbal que en reflexión pastoral. Incluso también firmó un comunicado con otros ex gobernadores -salvo Roberto Iglesias- que tuvo cierta agilidad para el consenso entre ex mandatarios de distinta extracción.

“En el escenario, veo una consolidación de la figura de Cristina y un peronismo más cristinizado“, advirtió el ex vicepresidente. Cobos también suscribió a los conceptos de De Marchi sobre lo urgente: “Creo que rápidamente la política tiene que tomar los temas de la gente para dar resolución a los problemas de la economía y que están en manos de Sergio Massa, que tiene rienda suelta”.

Este despegue no es casual. Para Iglesias, Cristina recuperará la centralidad en los medios y en sus adeptos. “Los que no la queremos, no la vamos a querer nunca, porque Cristina no genera pasiones intermedias. No creo que esto cambie mucho. Puede haber una radicalización de algunos sectores, se intentó hacer un aprovechamiento político”, concluyó.

En el PJ advierten que habrá más Cristina

En el kirchnerismo, en tanto, algunos optaron por no opinar porque todavía están masticando lo que sucedió y no tienen del todo claro hacia dónde girará este escenario. En estricto off the record, otra de las voces consultadas señaló que “hoy nadie está exento del nivel de virulencia” que está instalado. Pero entienden claramente que si la bala hubiera salido “el país estaría incendiado”. Y otro adhiere: “Nadie sabía que podría llegar a pasar, pero sí que sería una cagada“.

Un dirigente vinculado al kirchnerismo señaló que el ataque permite “reconfigurar en lo interno, en el apoyo generalizado del peronismo, es unificador y claramente aumenta el protagonismo de Cristina“. Pero también reconocieron que lo sucedido es un “caldo de cultivo del odio” que es perjudicial y pone en “alerta para todos los sectores políticos, “fuera de las especulaciones políticas”.

De igual manera, también recuperan la figura central de la vicepresidenta porque en principio consideraron que “la política tiene que ver con las emociones“. Y en ese plano, describieron que mientras en el PJ actualmente nadie puede generar este tipo de movilizaciones, sólo Cristina puede desencadenar las expresiones que se vieron en los últimos diez días en el barrio porteño de Recoleta. Además, mientras “se banaliza la discusión por el eje peronistas-antiperonistas, ella es la única que marca cuáles son las tensiones” de los problemas de fondo del país.

Para otros consultados que pertenecen a una de las líneas internas del peronismo local, también hay un cambio de escenario. “Profundiza la figura de Cristina de cara al 2023”, sobre lo que ya se venía montando a partir del juicio por la obra pública en Santa Cruz y los cabildos abiertos en defensa de la ex presidenta. En ese teatro previo al ataque, ya se agitaban algunas banderas nostálgicas.

Pero en esta opinión, hay una toma de distancia incluso: “Esto no habilita comenzar con estas consignas de CFK 2023, porque hay que reconstruir y resolver un montón de temas de los que Cristina es responsable, sobre todo, de la economía“. En este caso, utilizar el ataque para levantar esas banderas “sería una irresponsabilidad y le daría de comer a la oposición, que tampoco aporta cosas superadoras”. Y, como contrapeso, le suman la figura ascendente de Sergio Massa. Pero hasta esto depende cómo se comporte internamente la vicepresidenta.

Por lo pronto, este lunes habrá sesión especial en el Senado solicitada por el camporista Lucas Ilardo al vicegobernador Mario Abed. Si el debate gira en torno a lo que ya se escuchó en el Congreso, de uno y otro lado, será un capítulo más en la novela de enfrentamientos entre oficialismo y oposición.