Tras nueve días de confinamiento estricto, las calles del centro capitalino volvieron a poblarse. El balance no fue positivo para los comerciantes ni trabajadores no esenciales que advirtieron no haber facturado.
“Fueron días muy duros y ya no hay alternativas ni reinventos que activen nuestra situación. Lamentablemente si esto se sigue poniendo en práctica seguiremos perdiendo. La situación no da para más”, manifestó una vendedora de indumentaria que, además, confesó que de tres locales de la firma dos ya cerraron y de 4 o 5 empleados sólo quedan 2.
El regreso de los no esenciales
El centro provincial volvió a cobrar vida con el retorno de los trabajadores no esenciales que estuvieron 9 días confinados. Las persianas de los comercios comenzaron a levantarse, en algunos casos, minutos previos a las 10 (hora estipulada para la reapertura del comercio) y es que muchos debían realizar una limpieza profunda antes de atender a sus futuros clientes.

“Nos vinimos unos minutos antes para acondicionar el local que desde el 21 de mayo permanece con sus puertas cerradas. La semana en la casa no fue fructífera ya que no se activó la venta online, pero volvemos para ponerle lo mejor. Esto es caer y volver a levantarse. Hace un año estamos así y seguiremos apostando”, comentó Carina, empleada de una tienda de indumentaria femenina.
Por su parte, Estela, responsable de una peluquería céntrica, expresó que esta reactivación es esperada para sostener la empresa: “Si no abrimos el local no ingresa dinero, salvo el de la venta de algunos productos y acá somos muchos los empleados. Hoy estamos felices de volver a empezar”.

Mónica, responsable de una prestigiosa zapatería, desde temprano llegó a abrir las puertas del local para atender a sus clientes: “Nos reinventamos y nos fue bastante bien durante los días de confinamiento. Acá hay que rebuscarsela, de lo contrario, es complejo salir a flote”, enfatizó.

El termómetro de la calle
Los lustrabotas, los cafeteros, diarieros, floristas o taxistas son algunos de los trabajadores que conocen la calle como nadie. Son los que palpitan mejor que nadie la realidad, los que miden el termómetro de la calle.
Jorge tiene 67 años y, desde toda la vida, se dedica a lustrar zapatos. Fue uno de los que celebró el retorno a la “vida normal”: “Siempre me desempeñé en el rubro, antes iba a domicilio y ahora lo hago apostado esta esquina céntrica”, confesó el trabajador mientras atendía al primer cliente de la mañana.

El lustrabotas manifestó que es muy importante cuidarse y respetar al virus, pero también admitió que si no trabaja no come. “No tengo otro medio para subsistir, necesito que esta reapertura esté vigente y no vuelvan a cerrar”, aseveró.
Los taxistas también han manifestado su pesar durante la pandemia. Mientras esperan que se concrete la audiencia pública para lograr un incremento en sus tarifas, Roberto, quien lleva 15 años en el rubro, refirió que “fueron días duros y esperamos que esto mejore”.
“El aumento de la tarifa es necesario, pero también sabemos que va a ser muy difícil que la agente se tome un taxi con una bajada de bandera de casi $90. La situación no es fácil para nadie, pero hay que salir a trabajar mientras este virus y las autoridades lo permitan”, consignó.

El chofer contó que durante el confinamiento los patrones redujeron la tarifa diaria que deben abonar y eso le permitió subsistir: “De $2.500 que pagamos el turno por día más el GNC, durante estos 9 días pagamos $1.500 más el GNC. La reducción fue buena, pero el trabajo fue poco, por lo que con suerte llegábamos a $500 diarios, para la comida y los servicios”.
Voces a favor y en contra de la presencialidad
El regreso a las aulas de manera presencial, pero respetando el sistema de cursado por burbujas, tuvo voces a favor y en contra.
Los padres, en su mayoría, se mostraron felices por el retorno de las clases presenciales, aunque aseguraron que “los chicos están muy confundidos con la situación”.
“Cuando logran adaptarse a la maestra, a los contenidos tienen que regresar a la casa por una semana y pierden el hilo de todo. Es necesario que esto termine ya que no avanzan más. El año pasado sus padres fuimos los docentes y ahora es avanzar y retroceder todo el tiempo”, dijo Federica, madre de una nena de 7 años.

Por su parte, los docentes nucleados en el Sindicato Argentino de Docentes (Sadop) exigieron la equidad geográfica en el acceso a la vacunación y la virtualidad hasta que todos los maestros sean inoculados.
Ester Linco Lorca, representante de la entidad dijo en una entrevista radial: “Mendoza vuelve a la presencialidad y no se garantiza el cuidado de los y las trabajadoras y de toda la comunidad educativa. Vacunaron a un grupo, no a todos”.
“Sabemos la crisis que está pasando la provincia, que las camas de terapia intensiva están colapsadas, pero lo grave no solamente es eso sino que dichas áreas no tienen médicos, hasta a eso hemos llegado”, culminó.
