La Cámara de Diputados dio en la medianoche de este jueves el primer paso para que Rodolfo Suarez tenga el último presupuesto de su gestión, uno de los más importantes puesto que es el que designará los recursos para el año electoral que se viene. Por eso, a pesar de los cambios que tuvo en relación con el proyecto original que envió a la Legislatura, la norma aprobada en la Cámara Baja tiene un sabor de victoria para el cuarto piso de la Casa de Gobierno. 

La aprobación del presupuesto tiene, al menos, dos lecturas iniciales. En primer lugar, en términos de gestión, hay una cierta tranquilidad en el Gobierno provincial porque en el clima político no se nota la crispación de años anteriores, fuera del teatro político que se suele montar en la Legislatura a la hora de negociar un presupuesto. Un ejemplo de esto es que los canales de diálogo con el peronismo estuvieron aceitados, más allá de las declaraciones que hubo en las últimas semanas en los principales dirigentes del PJ.

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Así, en el Ejecutivo consideran que esta situación le permite a Suarez poder encarar el último año de su gestión con un marco más cercano a su estilo, es decir, sin conflictos extremos -como el que tuvo al inicio de la gestión por las manifestaciones antimineras-, con previsiblidad -a pesar de la macroeconomía en contra- y, no menos, con una pauta que le permite contar con metas concretas, medibles y que se pueden alcanzar.

No es la única observación que hacen, puesto que también hay una lectura de índole más política. Según fuentes del oficialismo, Suarez participó directamente de las negociaciones con los intendentes peronistas, que terciaron ante un kirchnerismo más duro frente al pedido de endeudamiento. Lo que primó fue la responsabilidad de quienes tienen que gobernar y que facilitó los cambios en los artículos más complicados. Hubo aceptación respecto de un problema presente que se puede agravar en el futuro si no se toman decisiones, como es el agua potable, y en ese sentido los jefes comunales del PJ pudieron hacer sus reclamos puntuales. Lo mismo respecto a las otras tres obras que requerían la mayoría especial, sobre todo, la doble vía en el Este y el postergado acueducto Monte Comán- La Horqueta. 

Por eso, en el Ejecutivo entendieron que las modificaciones que se negociaron en Diputados demuestran que el haber introducido estos cambios no alteran la voluntad y los ejes del proyecto original y la aceptación de parte del Gobierno de obras que los intendentes plantearon como necesarias.

Así las cosas, en el cuarto piso muestran satisfacción porque consideran que lograron una victoria política. Y a la vez porque esta situación permite otra vez diferenciar la política mendocina de la nacional, atravesada por internas en los principales frentes políticos, y sobre todo ajena a la arena en la que se siente cómodo Suarez.