Lo que debía ser un acto institucional de Apertura del Año Judicial terminó convirtiéndose en un foco de conflicto interno que promete dejar secuelas en el cuarto piso de los tribunales. El discurso de Dalmiro Garay, presidente de la Suprema Corte, no solo sorprendió por su dureza contra quienes cuestionan la independencia del Poder Judicial, sino que abrió una grieta entre sus propios colegas y los actores del sistema.
Garay había sido tajante: “Quiero exhortar a la prensa libre a ser responsable a la hora de abordar temas tan complejos… y denunciar si es así a aquellos actos o sentencias que violenten esta garantía con nombre y con apellido”.
Sus palabras fueron una respuesta directa a las críticas de sectores que vinculan la falta de independencia con el origen político de los jueces, y particularmente a los recientes cuestionamientos del expresidente de la Corte, Alejandro Pérez Hualde. Garay tildó de “liviano” el argumento de que “fulano o mengano vienen de tal lado” sin identificar una sentencia concreta que denote falta de imparcialidad en base a su procedencia política.
“Se maneja como quiere”
Sin embargo, en los pasillos de la Justicia, el mensaje no fue recibido como una defensa de la institución, sino como un desplante personalista. Un respetado actor del mundo judicial, bajo estricto off the record, fue lapidario: “Es lo que viene pasando con Garay hace 8 años: genera consensos para llegar a la Presidencia y después se maneja como quiere”.
Esta fuente subrayó que el discurso no representó al cuerpo colegiado, sino a la visión del propio Garay, quien admitió que el texto fue de “su propia pluma”. “Es todo una dependencia del Ejecutivo. Una práctica vieja era que los presidentes de Corte compartían los ejes del discurso. Es la apertura del año de la Corte, no del presidente“, reclamó.
La mención a la “prensa libre” también fue leída con preocupación. “Cuando él dice que hay prensa libre es porque supone que hay otra que no es libre. Es gravísimo lo que dijo”, señalaron desde los tribunales, agregando que, en otro contexto de mayorías internas, el costo político sería mayor: “Si estuvieran los números, por la mitad de esas declaraciones se le pediría la renuncia y la Corte elegiría presidente nuevo”.
Denuncias de “rosqueo” y falta de independencia
Otra voz conocedora de la estructura judicial coincidió con los planteos de Pérez Hualde sobre las falencias institucionales. “No hay independencia judicial. Al menos en ámbitos como el penal, las designaciones y todo lo que tiene que ver con el Consejo de la Magistratura”, advirtió.
Según este testimonio, existe un entramado de relaciones que condiciona al sistema: “El Colegio de Abogados, la Corte y la Asociación de Magistrados y las facultades: todas rosqueadas con este Gobierno”. Incluso, mencionó una práctica recurrente de injerencia externa al asegurar que se suele “levantar el tubo” a pedido de cabecillas del Ministerio Público Fiscal y de la Subsecretaría de Justicia.
La distancia de José Valerio
La tensión interna dejó de ser un secreto de pasillo para volverse pública a través de José Valerio. El ministro de la Corte, quien no asistió al acto por encontrarse en San Rafael, brindó una entrevista al principal diario de ese departamento y se despegó completamente de los dichos de Garay, con quien mantiene una relación más que tensa.
Valerio fue claro al asegurar que lo afirmado sobre la prensa “no fue discutido en la Corte”. En un tono irónico que evidencia el quiebre, el juez agregó: “Es una mención que hizo el presidente y él sabrá por qué. También por qué dijo ‘prensa libre’… Debe haber libre y no libre”.
Finalmente, el magistrado dejó la pelota en el campo de Garay al sostener que “hay que esperar a que el presidente nos explique qué quiso decir”.
