Felisa Paola Guillén y los allanamientos de la causa.

Hace cinco años, Felisa Paola Guillén fue condenada por integrar una organización que trasladó más de ocho kilos de cocaína desde la frontera norte del país hacia Mendoza. Su historia criminal parecía estar cerrada por la pena recibida, pero en los últimos días volvió a quedar en la mira de la Justicia federal, debido a que era proveedora de otra narco con peso en el oeste de Godoy Cruz.

Una investigación de la Policía Contra el Narcotráfico (PCN) la puso nuevamente en el centro de la escena como una de las principales protagonistas de una estructura dedicada a la comercialización de estupefacientes en pequeñas cantidades, con ramificaciones en Capital, Las Heras, el Campo Papa y sospechas de maniobras de lavado de activos.

La pesquisa derivó en una serie de allanamientos realizados el jueves, en los que los investigadores buscaron reconstruir el circuito económico de la presunta organización, determinar el origen de bienes adquiridos por los sospechosos y reunir pruebas sobre el funcionamiento de la estructura.

Trascendió que Guillén será presentada este lunes ante un juez y que deberá responder por los hechos que le imputarán. También fue citada su pareja, Enzo Quiroga, a quien los pesquisas ubican como uno de los principales colaboradores de la señalada banda.

Por la información a la que accedió El Sol, un hombre que fue detenido durante los procedimientos fue identificado como Jonathan Barroso, quien quedó a disposición de la Justicia luego de que los efectivos encontraran en su poder una pistola cuyo calibre será determinado mediante pericias. De todas formas, se iba a determinar si estaba relacionado con la causa federal.

Cocaína, celulares y documentos de inmuebles

Los procedimientos fueron ordenados en un expediente que se inició por venta de drogas en quiosquitos y por lavado de dinero, el año pasado. De acuerdo con la instrucción, Guillén aparecía nuevamente vinculada al abastecimiento de distintos puntos de venta de drogas en el Gran Mendoza. Por lo que detallaron fuentes del caso, era una de las proveedoras de Celeste “la Gorda” Genero, una mujer que cayó en febrero del año pasado.

Por ese motivo, los allanamientos estuvieron orientados no solo a secuestrar sustancias prohibidas, sino también a obtener documentación que permitiera establecer cómo se financiaba el grupo y cuál era el origen del patrimonio acumulado por sus integrantes.

El resultado de los procedimientos fortaleció esa línea investigativa.

Los policías secuestraron alrededor de 100 gramos de cocaína, 40 gramos de marihuana, elementos utilizados para el fraccionamiento de estupefacientes y 18 teléfonos celulares que ahora serán sometidos a pericias para reconstruir comunicaciones y posibles vínculos entre los investigados.

También encontraron documentación relacionada con la adquisición de bienes inmuebles, material que será analizado para determinar si existe una conexión entre esas operaciones y las maniobras bajo investigación.

Un nombre conocido para la Justicia

La investigación actual no sorprendió dentro de los ámbitos judiciales. El nombre de Guillén ya figuraba en expedientes por narcotráfico de relevancia nacional.

Nacida el 25 de diciembre de 1981 y domiciliada históricamente en el barrio Municipal de Las Heras (también en el Santa Rita de Ciudad), fue condenada en 2021 por el Tribunal Oral Federal N°2 de Salta tras comprobarse su participación en una organización que transportó más de ocho kilos y medio de cocaína desde el norte argentino hacia Mendoza.

Aquella sentencia la ubicó mucho más allá de una simple acompañante. Para los jueces, desempeñó un rol activo en la coordinación logística de la operación y participó en distintas etapas del traslado de la droga.

Todo comenzó el 14 de marzo del 2021. Ese día, efectivos de Gendarmería Nacional interceptaron un Peugeot 206 sobre la Ruta Nacional 40, a la altura de Tolombón, en la citada provincia norteña.

Durante la inspección descubrieron ocho paquetes de cocaína ocultos en los guardabarros del vehículo. El conductor era Dardo Miguel Herrera. Lo que inicialmente parecía un procedimiento de rutina terminó convirtiéndose en una causa de mayor alcance.

Entre la documentación secuestrada fue hallada una póliza de seguro correspondiente a un VW Gol blanco registrado a nombre de Guillén. Ese dato permitió a la fiscal Paula Gallo comenzar a reconstruir la estructura de la organización.

La causa dio un giro decisivo cuando Herrera aceptó declarar como imputado colaborador. Aunque evitó identificar a varios de los involucrados por sus nombres y solo utilizó apodos, aportó información suficiente para que la fiscalía reconstruyera el funcionamiento de la gavilla narco mediante análisis de teléfonos, comunicaciones, tareas de inteligencia y seguimientos.

La causa concluyó que el verdadero organizador del transporte era Ramón Andrés Robles Funes, quien dirigía las operaciones desde una celda del Complejo Penitenciario Federal NOA III, donde cumplía otra condena por narcotráfico.

Según la sentencia, Guillén mantenía contacto permanente con él. Los jueces consideraron probado que ingresó en cuatro oportunidades al establecimiento penitenciario utilizando autorizaciones para visitar a otros internos del mismo pabellón, mecanismo que le permitía mantener reuniones con Robles Funes pese a las restricciones sanitarias vigentes durante la pandemia.

Esas visitas fueron registradas el 2 de febrero y los días 2, 9 y 16 de marzo del 2021. Para el Tribunal, no se trató de encuentros casuales. Las calificó como parte de la coordinación necesaria para concretar el transporte de la droga.

Los peritajes telefónicos también ubicaron a Guillén junto a otro hombre en viajes hacia la localidad fronteriza de Aguas Blancas, donde confirmaron que la organización obtenía la cocaína antes de trasladarla hacia Mendoza.

Posteriormente, ambos regresaron a Salta y continuaron con la planificación del envío.

La sentencia sostiene que el 14 de marzo de ese año Guillén viajó en el Gol junto a Santos Robles y Javier Esquivel, mientras Herrera conducía el Peugeot que ocultaba la droga. Del fallo se desprendió que el Gol cumplía funciones de apoyo y seguimiento durante todo el recorrido.

Después del secuestro de la cocaína, Guillén volvió a visitar a Robles Funes en prisión y cambió el teléfono celular que utilizaba hasta ese momento, conducta que la acusación interpretó como un intento por dificultar el avance de los trabajos investigativos.

Durante el debate, la defensa sostuvo que toda la causa se basaba únicamente en indicios. Sin embargo, el Tribunal consideró que la totalidad de las pruebas reunidas -registros telefónicos, análisis de antenas, documentación, visitas al penal y tareas de inteligencia- conformaban un cuadro probatorio sólido.

Por ese motivo, la mujer fue hallada culpable como coautora del delito de transporte de estupefacientes agravado por la intervención organizada de tres o más personas y recibió una pena de seis años de prisión.

El violento episodio que vivió en el 2014

Antes de convertirse en una figura conocida en causas por narcotráfico, Guillén había sido protagonista de otro hecho policial.

Fue durante los primeros minutos de un día de septiembre del 2014, cuando sufrió un asalto en su casa del barrio Santa Rita, en Ciudad.

Estaba lavando su Gol frente a la casa cuando dos hombres llegaron en un Chrysler, la amenazaron con armas de fuego y la obligaron a ingresar al domicilio.

Una vez adentro, los delincuentes se apoderaron de dinero en efectivo, una cartera, una consola de videojuegos y un teléfono celular.

El robo terminó frustrándose parcialmente porque un móvil policial llegó al lugar mientras los autores aún permanecían en la casa.

Los asaltantes escaparon corriendo por un zanjón cercano, aunque uno de ellos fue capturado poco después.

Durante un rastrillaje en el barrio San Martín, los efectivos hallaron una pistola Bersa abandonada y una munición del mismo calibre entre las pertenencias del detenido.

Tras el hecho, fuentes del caso contaron que algunos investigadores se preguntaron si los malvivientes buscaban algo más que los elementos que terminaron llevándose.