El Carnaval se vivió en el barrio La Favorita. Entre música a todo volumen, risas y corridas, un grupo de jóvenes salió a la calle para celebrar a su manera: con bombitas de agua y baldes cargados para empapar a quien pasara por el lugar.

La situación tomó otro tono cuando los colectivos que recorrían la zona comenzaron a ser blanco de los ataques acuáticos. Cada unidad que avanzaba por las calles del barrio era recibida con una lluvia de agua que estallaba contra los vidrios y la carrocería.

Entre la tradición y el riesgo

El lanzamiento de bombitas y baldazos a los colectivos provocó que los conductores debieran disminuir la velocidad al atravesar el tramo más activo del festejo.

La escena dejó una mezcla de postales: por un lado, la alegría desbordada de los jóvenes celebrando el Carnaval en La Favorita a partir de su picardía; por el otro, la incomodidad de pasajeros que no esperaban terminar empapados su viaje.