La gente tiene que consumir menos agua“, fue uno de los conceptos más fuertes que dio Diego Berger, el ejecutivo argentino que trabaja en Mekorot, la empresa estatal de aguas de Israel. Si bien la idea puede parecer hasta polémica, sirve para describir un problema real para una Mendoza que ya lleva una década con un recurso que se hace cada vez más finito, pero que a la par ha ido aumentando la demanda. Por eso, aquella idea inicial apuntaba más a evitar el derroche y a lograr un uso más eficiente

Berger vino a la provincia como parte del inicio de los trabajos de consultoría que tanto Mendoza como San Juan firmaron con Israel a través del Consejo Federal de Inversiones para llegar a un masterplan que defina cómo usaremos nuestros recursos hídricos de acá al 2050.

El ejecutivo que coordina los proyectos especiales internacionales de Mekorot estuvo flanqueado en la conferencia de prensa que se hizo este miércoles en Casa de Gobierno por varios funcionarios locales que tienen bajo su paraguas las obras de infraestructura y la distribución de este recurso: el ministro de la obra pública, Mario Isgró; Sergio Marinelli, titular de Irrigación, y Alejandro Gallego, a cargo de Aysam. A algunos de ellos, Berger se tomó la licencia de corregirlos, pero porque entiende a partir de la experiencia de Israel que, precisamente, el agua es un bien escaso y se tiene que tomar otra perspectiva. 

“Fuimos bendecidos con la escasez de los recursos hídricos. Cuando tenés poco, lo usás más razonable“, graficó Berger acerca de la historia israelí de 80 años tratando de ganarle al desierto, donde lo que sobra es la escasez. Pero a contrapelo de lo que usualmente se exige de la política local cuando cuenta con recursos millonarios, tal como sucede hoy con los fondos de Portezuelo del Viento, para el funcionario extranjero “el problema no es tecnológico, sino de gestión“. Esto tira abajo otra idea: que la crisis hídrica se soluciona sólo con más obras. 

Medir el consumo para gestionar

Berger dio en la tecla sobre una de las debilidades del complejo sistema hídrico de esta Provincia que se divide entre un mayorista, Irrigación, una distribuidora local, como Aysam, y hasta una dirección que se encarga del tema hidráulico -esto, sin mencionar los diferentes usos, desde el consumo hasta el riego agrícola, en todo su espectro-. 

La gente no sabe cuánto consume, que es una cosa básica”, precisó. Las estadísticas marcan que el mendocino consume tres veces más agua que un ciudadano israelí promedio, según detalló Gallego, una medida que también la deja mal parada frente a los promedios internacionales estipulados por la Organización Mundial de la Salud.

Los niveles de consumo en el sector público como en la parte de riego son altísimos y tienen que ver con niveles de ineficiencia, y en muchos casos con infraestructura y de los diferentes usos por parte de los titulares”, sumó en su momento Marinelli.

Pero en Israel ese tema fue central y se procuró desde 1955 una ley de medición que involucró hasta la agricultura y por eso cada ciudadano sabe cuánto es lo que consume del sistema. “Hay que medir, porque si no, no se puede gestionar. El agua es un recurso limitado. La medición es parte de la educación“, señaló. Tan claro como verse los pies en el mar del Caribe.

En ese punto, Berger apuntó contra la cultura de la abundancia en América Latina y que hace que la gente no le de el valor a este recurso. Por eso, sostuvo que se trata de un contrato en el uso del agua. “Tienen que usarla de forma sabia, sin derrocharla. Y sin saber cuánto se consume, es medio complicado“.

La gestión de la oferta

Pero en este caso, el funcionario de Mekorot también señaló que el masterplan que se busca trazar para los próximos 30 años no tiene que ver ni con un problema tecnológico ni de obras de infraestructura, sino de gestión: “Siempre decimos que el 90 por ciento de los problemas son de gestion, en definitiva, tenemos que saber si estamos gestionando la demanda o la oferta“. 

Y detalló: “Intentar aumentar la oferta es solamente hacer gestión de la oferta. Parte de todo este trabajo es gestionar la demanda. Si la gente está comiendo mucho, no le tenés que traer más comida, tenes que decirle `comé lo necesario´. Lo mismo con el agua”, afirmó de manera más gráfica. Pero luego sostuvo de manera más concreta: “El problema es usar en forma eficiente sin derrochar, por eso no sabemos qué tipo de obra hay que hacer y si hay qué hacer alguna obra”.

Con estos preceptos, el Gobierno comenzó a delinear este miércoles con los funcionarios de Mekorot cómo será el trabajo para los próximos 18 meses estipulados para la consultoría

El diagnóstico que se tiene en Mendoza no es desconocido y ya aseguran que “hay nueva normalidad“, donde en los próximos años “el agua va a ser cada vez menos“.

También es cierto que los pilares que constituyen a la política del agua, que fue pionera para el país, a esta altura han quedado desactualizados porque son propios de una realidad del 1900, con otra cantidad de habitantes, otros usos menos diversos y una industrialización que en aquella época era incipiente.