Madonna, a los 53 años, sigue demostrando que sigue siendo la Reina del Pop, y es que, a dos días de haber lanzado oficialmente su nuevo disco, MDNA, la cantante batió su propio récord, ya que la canción Give me all your luvin, primer single del compacto, se convirtió en la número 41 en la lista de Billboard.
Cuatro años ha tardado Madonna en tratar de enmendar el irregular Hard candy (2008) y publicar un nuevo disco de estudio, un lapso quizás excesivo para una industria que, apremiada por internet, se ha dado prisa en madurar las alternativas pujantes de Britney Spears, Lady Gaga y Rihanna.
Su duodécimo álbum tratará de dilucidar si, en ese nuevo panorama, 30 años de carrera y 200 millones de discos constituyen pilares suficientemente sólidos como para sustentar su reinado, después de siete años sin un gran hito discográfico, los transcurridos desde Confessions on a dance floor (2005).
SOBRE EL DISCO.
Con MDNA, Madonna parece haber querido recompensar la paciencia de sus seguidores con un disco esencialmente bailable, que pasa de las estrictas bases de house y tecno del principio a una zona central más frívola y que, ya al final, también deja espacio para la delicadeza. Esa división estilística coincide, a grandes rasgos, con el sello de los tres productores más destacados que confluyen en el material: Benny Bennasi, Martin Solveig y, cómo no, William Orbit, con el que facturó el aplaudido Ray of light (1998).
En general, Madonna se burla de la imagen de novia entregada y perfecta esposa, mediante unos versos que parecen autorreferenciales y que han suscitado la pregunta de si son dardos envenenados contra su ex marido, el director de cine Guy Ritchie.
Con humor y psicodelia llega la aceptación del pecado en I’m a sinner, nuevamente de la mano de Orbit y con un estilo que recuerda ligeramente al del Beautiful stranger que grabó para la banda sonora de la segunda parte de Austin Powers.
Es el propio Orbit, nuevamente inspirado, el encargado de cerrar el disco con tres cortes más reposados, sentimentales y evocadores. Se trata de Love spent, Falling free y la conocida Masterpiece, premiada con un Globo de Oro a la Mejor Canción, como tema central de W.E., película que dirigió la propia Madonna.
LA VISIÓN DEMADONNA.
Canta en ella que es difícil vivir amando una perfecta obra de arte. Ese es, quizás, uno de los problemas de MDNA, que mejora el trabajo previo de Hard candy, pero que sabe a poco, obligado como está a superar el listón de las cada vez más altas expectativas de sus seguidores.
A primera vista no se perciben rompepistas como Hung up o Express yourself y, pese a contar con algunos de los mejores DJ del momento, hay muy poco en la producción que suene revolucionario o distinto, algo a lo que Madonna, el paradigma de la reinvención, ha acostumbrado al mundo.
Cabe preguntarse si Madonna puede permitirse otros cuatro años para liberar a la bestia, un tiempo en el que Rihanna o Katy Perry han pasado de la nada a facturar más de una decena de éxitos./EFE
