El actor británico Jonathan Pryce tiene un curioso vínculo con Argentina. En dos películas, encarnó a populares figuras históricas: Juan Domingo Perón, en la versión cinematográfica de Evita, y a Jorge Mario Bergoglio, en la más reciente “Los dos papas“.
Pryce encarna al cardenal de Buenos Aires en un viaje al Vaticano. Todavía no es Francisco, el líder espiritual del mundo católico.
La película producida por Netflix y dirigida por el cineasta brasileño Fernando Meirelles (de la recordada Ciudad de Dios) narra el encuentro entre Bergoglio con el entonces papa Benedicto XVI, representado por otro monstruo de la interpretación, el también inglés Anthony Hopkins.
Tuvo buenas críticas y un aceptable éxito en la plataforma, que derivó a su vez en tres nominaciones para los Oscar, entre ellas, como mejor actor protagónico y mejor actor secundario.
En síntesis, la historia aborda desde lo ficcional la renuncia de Joseph Ratzinger como sumo pontífice y su charla con uno de los potenciales sucesores, Bergoglio, poco antes de 2013 y en medio del escándalo de los Vatileaks.
Ambos, Bergoglio y Ratzinger, un argentino y un alemán, con dos visiones totalmente opuestas del mundo y del oficio religioso.
En ese momento, según la película, Bergoglio está esperando la respuesta del Vaticano a su carta de renuncia, porque ya cumplió 75 años. Hay que señalar que asumió como Francisco a los 76 años.
Si bien el argentino no se reunió con Ratzinger en ese momento, ya que es ficticio, sí lo hicieron tiempo después, ya que compartieron papado con Benedicto.
La película también muestra el pasado de Bergoglio, encarnado por el actor argentino Juan Minujín. La historia también siembra dudas sobre el rol de Bergoglio durante la Dictadura militar en Argentina. Situación que fue rechazada en su libro El Jesuita, de 2010.

