Existe una gran complejidad en la obra que Arístides Vargas (uno de las grandes figuras de la dramaturgia poética mendocina) plantea desde “Pluma y la tempestad”. Un desafío difícil de abordar y con un tipo de elaboración meticulosa para poder comprender a fondo lo que este autor quiso decir con su obra. Pero Guillermo Troncoso y su elenco, lejos de intimidarse, decidieron tomar el texto por las astas y tratar de comprenderlo a fondo. Les tomó cuatro años de trabajo (pandemia y otros proyectos mediante) para poder subir el telón. Y el resultado demuestra ese nivel de detalle que manejan, apropiándose de un texto intrincado y con adaptaciones que lo enriquecen.

La principal diferencia que se puede notar con la dramaturgia es el desdoblamiento del personaje de “Pluma” en tres partes: una marioneta y dos actores. Un personaje que nos invita a ver la vida desde la marginalidad, desde la falta de contención tanto familiar como social para desarrollarse, observando el mundo que le rodea desde una óptica de inocencia y un dolor que va exteriorizando poco a poco. Son dos actores jóvenes (Antón Deputat y Mauro Medero), quienes le dan vida, con un trabajo muy bien realizado que nos genera tanto empatía como curiosidad, utilizando recursos marionetísticos de Peter Schumann y de otras fuentes para darle vida al muñeco.

Pluma se rodea de personajes que están “condenados al presente”, sin una perspectiva clara de futuro; más bien viviendo el día a día para salir adelante, con sus conflictos, ansiedades y dolores. Una metáfora de la vida cotidiana de muchas personas que no le encuentran un sentido o escapatoria a la rutina o a sus vidas.

Todo el tiempo se habla de afianzarse en la vida estática o avanzar, de irse o quedarse, aunque esta última posibilidad parece más un sueño que un camino real.

Se critica desde una clave poética a las grandes instituciones: la política gubernamental y su estancamiento e inmovilidad, la escuela que envejece sin avanzar, la fuerza militar que no tiene orden en sí misma, y la disfuncionalidad de una familia que no quiere salir de su violencia interna.


Es una obra que nos habla a nosotros, a quienes vivimos en un país de constante tempestad, donde la crisis se volvió un vivir cotidiano. Y es interesante saber que esta obra es de 1995 y tan actual que asusta.

“Pluma y la tempestad” nos encuentra en un lenguaje poético y metafórico en el que existen las conversaciones vacías, los espacios asfixiantes y un tiempo que sobra cuando se está extraviado. Pero nos permite una reflexión esperanzadora para poder encontrar un rumbo en medio de la tempestad, con actuaciones sólidas y cuidadas, permitiéndonos repensarnos como sociedad.

Estamos en un año de decisiones que repercuten a futuro y planteos tanto internos como sociales. Si pensamos quedarnos acá a pelear por ser quienes somos me parece importante que se vea la obra y se analice qué nos está pasando en el día a día.

Ficha técnica

  • Guion: Arístides Vargas.
  • Dirección general y puesta en escena: Guillermo Troncoso.
  • Asistencia de dirección: Eleonora Acosta.
  • Diseño escenográfico: Rodolfo Carmona.
  • Realización de títere: Rosana López.
  • Realización de vestuario: Susana Rivarola.
  • Asistencia técnica: Franco Crosta.
  • Fotografía: Damián Soloducha.
  • Prensa: Laura Portillo.
  • Diseño gráfico: Mariano Murano.
  • Elenco: Antón Deputat, Mauro Medero, Débora Candito, Camilo García Barrozo, Mariela Svachca, Cristian Bustos, Mirta Rodríguez, Carlos Romero y Alejandro Manzano.

Se puede ver este sábado 9, a las 21, en el espacio Julio Le Parc.