La comedia tiene ese poder de reírse de la realidad de una manera atemporal. Y más si se trata de un elenco que se ríe incluso de sí mismos, de lo que pasa en escena y conjuntamente con el texto. “Papanatas” es un texto adaptado por Emiliano Dionisi sobre una obra de Moliere con dos nombres en uno: “el atolondrado o los contratiempos”, y adaptada al público mendocino por Cristian Coria. Tal como dijo el propio elenco: una adaptación de una adaptación, como para mostrar el nivel de unicidad que tiene.
Nos reciben en proscenio un maestro y una maestra de ceremonias invitándonos a ver la obra y jugar con ellos. A repensarnos en clave de comedia. A distendernos y sentirnos compenetrados por las interpretaciones y la historia que se relata.

La obra mezcla elementos de varios tipos de comedia: desde el teatro clásico francés pasando por la Commedia Dell´Arte y humor del teatro del absurdo hasta un humor más cercano al público local, siendo que se nota un gran trabajo actoral por los recorridos tanto estéticos como performáticos.
La historia en sí nos presenta una sucesión de situaciones dirigidas por el quid pro quo (la confusión de una cosa por otra, o de un personaje por otro) en el cual se ven triángulos amorosos, personajes estereotipados que podemos relacionar con algunos que vemos en nuestras vidas y circunstancias cotidianas que atraviesan todos los tiempos.
Se destaca en esta puesta en particular el trabajo físico de las interpretaciones con coreografías pautadas, exageraciones dirigidas y un gran trabajo sobre la animalización de cada personaje (es divertido mientras se ve la obra tratar de deducir sobre qué animal se basó cada uno), siendo el disparate el gran guía de la puesta. Son pocos intérpretes para varios personajes, con lo que se puede ver con facilidad el nivel de juego que tienen entre ellos.

Hay un muy buen trabajo sobre los gestos, las miradas a público y la forma de caminar de los personajes que provoca auténticas risas y simpatía. Por momentos se buscó el juego con el público, que evidentemente les pedía más.
Es una obra que tomó siete meses de trabajo y apuesta a continuar en escena el año que viene, aún con la incertidumbre reinante en el país. Una forma de sostener el teatro por y con el público. Se nota que los actores y actrices disfrutan de realizarla, de reírse con lo que hacen y de jugar desde lo más auténtico que tiene el teatro: esa posibilidad que se tiene de ser otro por un rato, de vestirnos de comedia entre tanta tensión cotidiana y poder relajarnos con una obra que podemos disfrutar sin distinción de edades o tipo de humor que manejemos.

