La música como lenguaje universal, de eso se trata. Conmueve, moviliza, evoca recuerdos y tiene el poder de generar en nuestro cuerpo emociones diversas. Todo eso puede ser utilizado por un terapeuta para mejorar la calidad de vida.
De la mano de la magister Cora Leivinson, directora de la carrera de Musicoterapia de la Universidad Maza, nos sumergimos en este mundo con una pregunta inicial básica: ¿qué es la musicoterapia?
Para definirla, Cora adopta la definición de su colega, la Lic. Karina Ferrari y sostiene que “es una profesión del ámbito de la salud que, a través de experiencias sonoro-musicales significativas, busca establecer un vínculo entre terapeuta y paciente para lograr objetivos que no son musicales”.
Estos profesionales buscan alcanzar objetivos precisos con las personas que acuden a ellos y se enfocan en sus necesidades particulares. Algunas de ellas se relacionan al desarrollo motor, funciones cognitivas, mejora de las relaciones o formas de comunicarse e, incluso, consumo problemático de sustancias, entre otras.
Los interesados se encontrarán con profesionales siempre predispuestos, respetuosos y comunicativos. La comprensión es el punto de partida de cada encuentro. Éstos son guiados por terapeutas sensibles a las necesidades del otro, flexibles y creativos en sus prácticas.

¿En qué consiste una sesión de musicoterapia?
La cita con el musicoterapeuta puede llevarse a cabo dentro de un consultorio, centro educativo terapéutico, residencia geriátrica, hospital, centro de jubilados, escuela e, incluso, domicilio particular o cualquier otra institución determinada.
Las actividades generalmente comienzan siendo lúdicas, utilizando o no instrumentos musicales, pues para los musicoterapeutas la música está en todo: cualquier objeto físico puede producir sonido y ese sonido puede representarnos o anularnos. Para poner un ejemplo concreto “imaginemos el sonido de un autobús que no tiene sus frenos correctamente calibrados porque no se controla la contaminación sonora en las ciudades, pudiendo desestabilizar totalmente a un transeúnte que camina por la calle”, sostiene Cora Leivinson.

La terapia puede llevarse a cabo a través del ritmo, palabras, percusión corporal o percusión del mobiliario al cual se tiene acceso en el momento; lo fundamental es su carácter lúdico ya que a través del juego podemos conocer en profundidad nuestra esencia como personas, como seres humanos y, sobre todo, como seres musicales.
Los musicoterapeutas utilizan diversos recursos que tienen que ver con el ritmo, con la melodía, con la armonía, con instrumentos de diversas texturas, no solo tímbricas sino táctiles: rugosos, lisos, pesados, livianos, percutores de calibre fino, grueso. “Estamos buscando siempre todos los detalles para que esas personas puedan desarrollar al máximo sus habilidades y puedan encontrar en su expresión, en su comunicación, sus propias capacidades”, finaliza la especialista.
