Buenos días, a pesar de todo. En muchos lugares del mundo las llamadas “zonas rojas” se refieren al ámbito donde pulula la prostitución. Una prostituta es la única mujer que cuando se desviste queda en ropa de trabajo. El color rojo es el color de la pasión, pero también del peligro, tanto Cupido como el Demonio prefieren este color. El rojo está ligado directamente a la sensualidad y al erotismo. Pero, tal vez no venga de ahí el origen de “zona roja”. Cuentan los lengualargas que, a fines del siglo XIX en los pueblos mineros de Estados Unidos, los capataces acostumbraban a identificarse, de noche, con una luz roja en sus cascos. Como tenían que estar a disposición en cualquier momento, en sus descansos dejaban la lámpara prendida frente a sus habitaciones y lo mismo hacían cuando pasaban el tiempo con alguna de las prostitutas que proliferaban en esos ámbitos. Dicen que la prostitución es el oficio más viejo del mundo, no estoy de acuerdo, el oficio más viejo del mundo es el de cosechador de manzanas, que es lo que hicieron Adán y Eva. La zona roja de nuestra ciudad ha sido siempre la Cuarta Sección, aunque también invade amplios espacios de la Tercera. Es normal que uno transite por la zona y vea a señoritas vestidas de provocación que nos miran con ojos de tentación, y uno que es humano, qué joder. Hay para todos los gustos, inclusive para esas mujeres que son hombres, y llegan a disimular todo menos el bulto. Algunas son sugerentes pero discretas en el vestir y otras hacen una ostentación de físico que parecen de la promoción del Gobierno Carne para Todos. Pues bien, el intendente de la Capital, don Víctor Fayad, ha resuelto que se terminó la joda, muchachas y muchachos, por lo menos se terminó en ese lugar y de esa forma, nada de saunas, cabarets, hoteles al paso, casas de masajes, salas de baile y cuanto pueda despertar sospechas de que hay intercambio de dinero y fuqui-fuqui. Los vecinos de la zona sonríen, porque hace tiempo que vienen pidiendo que se le ponga coto al poto. No puede ser que doña Ema, que vive en plena Cuarta, con sus ochenta años de vida, tenga que soportar las ofertas de los automovilistas cuando va al mercadito. Y, para colmo, muchas veces se ha visto obligada a aceptarlas. Pero no sólo esto impulsó al Municipio capitalino. La Cuarta cuenta mucha historia, por nacimiento, por antigüedad y porque allí vivió nada menos que el General José de San Martín y hay idea de transformarla en zona histórica y no ha de ser bueno para la Patria que haya una señorita en paños menores al lado de un granadero, o un travesti tocando un clarín o un cañón hablando con un cañón. Claro que las meretrices están más preocupadas que ternera viendo limpiar la parrilla, porque ellas dicen: “De esto vivimos ¿Qué vamos a hacer ahora, ah? No nos da para docentes, aunque nosotras siempre estemos enseñando”. Yo digo ¿y si imitamos al Le Parc y hacemos un gran centro cultural del sexo? Eso sí, con casino, en Mendoza todo edificio grande tiene un casino. En fin, yo tenía una amiga que era muy fea… Se metió a prostituta y murió virgen. Digo yo, si a la Cuarta la llaman “zona roja”, al Barrio Cívico, ¿no deberíamos llamarlo “zona gris”?
