Dentro de las artes escénicas, Vendimia abre el debate y es digna de análisis como un género aparte, con sus características, limitaciones y posibilidades. En este ámbito, el trabajo del actor es simbólico, cumple una función a veces concreta y figurativa y otras abstractas.

Por su parte, el director de actores es el administrador de esas imágenes, ejecutando un rol similar a un coreógrafo puestista, debe construir en el espacio, establecer el ritmo de las acciones y el movimiento de la gente. Casi como un arquitecto, el cual diseña sobre el plano dónde es conveniente que se coloquen los elementos para sostener la estructura al momento de comenzar a construir la obra.

Hugo Yáñez, quien en “Postales de un oasis que late” tiene la responsabilidad de dirigir a más de 200 artistas, nos cuenta cómo se preparan a pocos días del Acto Central y cómo los actores han ido ganando terreno en una celebración en que, desde antaño, se priman los cuadros folclóricos y la danza.

– En la recta final ¿cómo se ha sido el trabajo del equipo dirección y de los actores para llegar al objetivo, ofrecer un gran espectáculo?

– Nos venimos preparando desde hace meses. Primero, con el equipo de dirección planeando cada detalle como si fuera el más importante. Me acompaña un grupo conformado por quienes considero los mejores en cada área; Wally  Sánchez y Pablo Longo en títeres, y Melisa Lara y David Maya en la acción actoral en general. Además, en el último tiempo, se sumó Ángel Urano  con su experiencia desde la acrobacia. En cuanto a los actores, han hecho un trabajo excelente y han demostrado que son grandes laburantes de Vendimia, aún cuando hay gente con experiencia dispar en la misma. Con todo este cóctel no podemos esperar otra cosa más que la de hacer un gran espectáculo.

– ¿Cuál es el mayor obstáculo que has tenido que enfrentar desde que asumiste la dirección de actores de Vendimia?

– Obstáculos han habido varios, algunos tienen que ver con los tiempos de realización de ciertos materiales para la fiesta. Otros que prefiero no nombrar para moverme en un terreno políticamente correcto.

– Desde la dirección, ¿cómo han logrado suplir la ausencia de Marcelo Rosas?

– Tamañas ausencias son difíciles que se puedan suplir. Sin embargo, el hecho de que cada uno en su área supiera perfectamente lo que tenía que hacer y cómo ha permitido que logremos sacar adelante un espectáculo con las características y la impronta que planeó el “cabezón”.

– ¿Cuáles son las diferencias de dirigir a un grupo de Vendimia y a un elenco teatral?  y ¿de qué manera se logra manejar a un grupo de más de 200 actores?

– Las diferencias son enormes, ya que en tu elenco vos dirigís a los que vos llamás para dirigir. En vendimia es una lotería, trabajás con todos los que ganan un casting, que no siempre son todos los que vos querés que ganen ese casting. Pero, en fin, esas son las reglas del juego. Debo confesar que me costó bastante ver cómo amigos de muchas vendimias compartidas se quedaron afuera y muy lejos, sin posibilidades de entrar por corrida ni nada. Lo mismo me pasó con actores de mi elenco.

Con respecto a dirigir a 200 actores la única forma que concibo es la de trabajar con mucha humildad y tener las cosas claras de antemano. Ser director de actores de Vendimia está bueno, pero no significa más que eso.  Creo que se ha notado a lo largo de todo nuestro trabajo en las escuelas. Trabajo, humildad, pasión y respeto. Y… por supuesto, contar con un gran equipo de profesionales que te respaldan.

Hugo Yañez junto a su equipo fabricando el esqueleto de un títere que se utilizó en los ensayos

– ¿Qué vamos a poder ver, desde lo actoral, en Postales de un oasis que late?

– Vamos a ver Postales en las que los actores realmente se lucen. Postales muy divertidas, con mucha precisión, pero también vamos a ver actores con mucho virtuosismo, ya sea a la hora de la interpretación actoral como al momento de darle vida a los títeres que para ésta fiesta juegan un rol fundamental, sobre todo en dos Postales. 

– Muchos actores no participan de Vendimia por considerarlo un espectáculo en donde no pueden desarrollar realmente la actuación, ¿qué opinás al respecto?

 – Hoy por hoy, hay que aceptar que la Vendimia es un género distinto. Muchos actores ven en ella una salida económica, muchos otros la toman como una experiencia única en la que se reúnen las distintas facetas artísticas que tienen que ver con el teatro de sala, con el popular… Tal género requiere una interpretación actoral que sólo le pertenece a Vendimia.

– ¿Cómo logran abrirse camino dentro de una celebración en que, desde antaño, se priman los cuadros folclóricos y la danza?

– Poco a poco los actores hemos ido ganando terreno en la Vendimia. Creo que tiene que ver con la preparación, la aparición en Mendoza de gente con ideas nuevas o movimientos escénicos que marcan las vidas de los mendocinos. Por ejemplo, es difícil ignorar a los chicos que hacen acrobacia en tela, pasó el año pasado con el teatro de sombras, que a pesar de ser ninguneado por el director de la fiesta, no así por el director de actores, fue de lo más elogiado, tanto que este año tuvo su cuadro protagónico en la Vendimia de Godoy cruz. Hay cada vez más actores que bailan, más actores acróbatas…  Hay más actores.

– Además de actor sos bailarín de folclore, ¿encontrás diferencias entre actuar y bailar en una Vendimia? ¿Cuál de estas actividades te ha dado más satisfacciones?

– Pude vivir la fiesta desde dos lados distintos, dos formas de pensar y de vivir la fiesta absolutamente disímiles. Por un lado, el bailarín folclórico desde chico vive la Vendimia hasta con cierto fanatismo. Además del hecho de que ser bailarín de la Fiesta Nacional te pone en un lugar importante socialmente hablando, ya sea en tu comunidad como en el conjunto al que perteneces. Por supuesto que estoy hablando de la visión de un bailarín que viene desde el Este. Quizás el hecho de bailar en el gran Mendoza no te de tanto status por la simple razón de que, la mayoría de las veces, los coreógrafos se desprenden desde ésta zona lo que hace más simple el ingreso de la gente que ellos conocen, lo que es normal. Para el bailarín, también es importante el escenario en el que le toca bailar, mirá si he visto bailarines llorar porque les toca ir a bailar a los cerros o a La Pampita. Todo un desdén y una desilusión.

No es lo mismo terminar un malambo en el Teatro Griego con una mudanza que terminarlo con una secuencia de acción actoral. Algún día va a pasar, pero por lo pronto lo que gana es el fervor y la pasión por un buen zapateo, y si el gaucho está “en cuero”, ni hablar (risas). Lo que sí te puedo asegurar es que antes el actor era un artista que hacía de grano de uva o de racimo, o de relleno. Hoy, y desde hace algunas Vendimias atrás, los actores tenemos acción en los principales escenarios en los que somos protagonistas.

– Hay directores que deciden actuar en sus propias Vendimias, ¿Vas a entrar en algún cuadro?

– Tenemos muchas ganas de entrar con Wally, manejando una de esas bicicletas raras que él fabrica. Hay una Postal muy divertida que refleja el día del estudiante en Mendoza y es ahí donde entrarían estos rodados a pedal. Igual estaría bueno ver por primera vez la fiesta desde afuera.

– ¿Cómo te definís como actor y cómo director?

– Como actor y director me considero un laburante del teatro. Trabajo todos los días para aprender cada vez un poquito más. Aprender nuevas tendencias y técnicas, nuevas formas de hacer teatro, de verlo, de enseñarlo… Si soy buen actor o no, o si soy buen director o no, eso queda fuera de mi apreciación porque la verdad es que me quiero bastante y no voy a criticarme a mí mismo, por lo que queda en manos de los demás esa observación.

Hugo Yañez es Ming en la obra No Mover

– ¿Cómo ves la realidad del teatro local? y ¿de qué manera se podría lograr que obras tan bellas como No Mover, que te tuvo como protagonista, permanezcan en cartel por un año, al menos?  ¿Podremos ver a Ming nuevamente?

– Estamos empezando a vivir un recambio generacional y por lo tanto, una nueva forma o multiforma de hacer arte escénico. Lo que puede llegar a ser muy saludable para la escena local. Hay jóvenes que vienen pidiendo pista y está bueno que se les haga lugar.

Creo que ese tipo de obras deberían cobrar un sueldo, pagado por el estado, por cinco años para que se siga haciendo, por lo menos por ese tiempo (risas). Resulta gracioso a la larga, pero estaría bueno tener una política seria de apoyo a la producción local y a su mantenimiento en cartel.

Los Ming (son tres), son unos de los personajes que más satisfacciones me trajo, he intentado estos últimos dos años reponer tremenda obra como No Mover. Pero bueno, si se da genial, hay que sumar voluntades, con una sola no alcanza, el director, David Maya, tiene la mente en otros proyectos y eso no está mal. Hay que preparar un actor para el rol del caminante cosa que yo mismo me encargué de hacer. Pero ese actor ahora ha recibido una propuesta para actuar, nada menos que con Arístides Vargas. Y si vos me decís con quién prefiero trabajar, Hugo Yañez o Arístides Vargas te digo que yo mismo elijo al otro (risas) Así que No Mover tendrá que esperar un poquito más para volver a rodar en las tablas menducas.  

– Se termina Vendimia y ¿cómo sigue tu vida?

– Sigue como tiene que seguir. Atender la casa, volver a las escuelas, dar talleres, tengo un reestreno en puerta con mi grupo,  Tanto Ruido Teatro, porque una de las actrices que estrenó “Criminal” se fue a España a completar sus estudios y estamos trabajando con su reemplazo.

Hay que darle continuidad a Lisistrata, una obra que estrené con los alumnos del taller avanzado de actuación, De Cajón. Luego, retomaremos un estreno con Silvia del Castillo y Marcelo Díaz con dirección de Francisco Carrasco que interrumpimos por toda ésta vorágine vendimial. Y disfrutar a los hijos, llevarlos a la escuela, al parque, a la plaza, a andar en bici, cenar juntos, verlos dormirse. Y todo eso que te privas de hacer cuando estás en la Vendimia.