Frits Jelle Barend es un periodista holandés enviado por la revista Vrij Nederlandal país para cubrir el Mundial de 1978, en plena dictadura militar. En una entrevista con el portal “Papelitos, 78 historias sobre un Mundial en dictadura”, contó cómo se gestó una entrevista inédita que realizó a un grupo de Madres de Plaza de Mayo, el mismo día de la inauguración del torneo.
Estos son algunos extractos de esa nota:
“Pudimos escribir que había realmente una dictadura en la Argentina, una dictadura fascista. Pudimos sentirla, hablamos con gente, y yo a esa gente le creí lo que me decía. Confié en aquellos que me dijeron que habíadesaparecidos”, aseguró varios años después.
Las denuncias que alertaban sobre las violaciones a los derechos humanos que estaba desarrollando las fuerzas de seguridad en el país habían empezado a cruzar las fronteras y se esparcían lenta pero firmemente por Europa. Varios medios de Holanda, Suecia, Francia y Gran Bretaña buscaron también aprovechar su viaje a la Argentina para entrevistar a las Madres de Plaza de Mayo en sus rondas de reclamos frente a la Casa Rosada.
Frits eligió el día de la apertura del Mundial de Fútbol 78 para visitar a las “madres locas”. Casualmente, era jueves. Aún siente que la experiencia fue “bastante impresionante”. La ceremonia de inauguración del campeonato coincidió con la hora en que las Madres de Plaza de Mayo se reunían en torno de la Pirámide.
“Estuve en el cine cerca de la plaza hasta las 15.30 y luego fui a la plaza. No podrías creerlo, estaba totalmente vacía. Me sentí un poco inseguro. Caminé por ahí hasta que a las 15.50 empezaron a llegar, desde diferentes esquinas de la plaza, señoras. Me presenté: ‘Soy un periodista de Holanda, me gustaría hablar con ustedes’. Y me dijeron que una había perdido a dos hijos, otra a una hija, otra a su marido. Me dieron un número de teléfono, me dieron flores”, relató.
Frits recuerda que minutos después, la Plaza de Mayo comenzó a recuperar la circulación habitual de peatones y vehículos a su alrededor. También recuerda que al cabo de su charla con las “madres locas” hombres de civil se le acercaron y empezaron a insultarlas, a decirle que no debía creer en esas mujeres que pedían información sobre sus hijos desaparecidos.
“No me dejaban seguir hablando con ellas, me empujaban un poco. Por suerte llegó un equipo de cámara francés”, contó.

