Dicen que la idea –más allá de que, como concepto, el kirchnerismo más duro siempre la ha tenido en mente como casi uno de sus principios filosóficos y religiosos de su doctrina– fue analizada por el propio presidente Alberto Fernández hasta convencerse del todo de que era necesario que el Estado se involucrase en el asunto. Dicen, así también, que nadie le impuso qué hacer y cómo. La intervención y el posterior intento de expropiación de Vicentin fueron explicados por el propio jefe de Estado durante un largo reportaje que concedió ayer en radio Rivadavia, a la dupla que componen la periodista Guadalupe Vázquez y el analista político Sergio Berenztein.

La entrevista tuvo una fuerte repercusión en las redes sociales, particularmente en los usuarios de corte marcadamente opositor, quienes festejaron que, en algunos pasajes, el presidente pudo haberse sentido incómodo frente a preguntas que, habitualmente, no se le hacen al presidente en las acostumbradas recorridas que tiene por los medios. En verdad, no fue ni tanto ni tan poco. Como haya sido, la charla duró 43 minutos y, quizás, lo que tuvo como distintivo pudo ser la firmeza de Guadalupe –y su templanza profesional– para no perder la compostura en ciertos pasajes en los que el jefe de Estado pareció importunarla, y para repreguntar las veces que debió hacerlo.

Pero, si algo dejaron en claro las declaraciones del presidente, es que con Vicentin, todas esas cuestiones altamente problemáticas que ha acarreado la cerealera, como las económicas, las financieras y las de una muy posiblemente mala gestión y además evidentemente especulativa y quizás dolosa, pueden haber sido la excusa perfecta para que el Gobierno desplegara con las dos medidas (intervención más anuncio de expropiación) una fuerte carga ideológica detrás de ellas y, muy posiblemente, además, interesada en el manejo de la caja del conglomerado empresarial.

Lo que termine ocurriendo con Vicentin marcará a fuego la administración de un Fernández que logró arrastrar en su momento un caudal de votos gracias a su perfil y estilo moderado que se encargó de sobremostrar como una virtud propia hace ya algún tiempo. Cuando se anunció la intervención, en una primera instancia se pasó por alto el rol del juez a cargo del proceso de convocatoria de acreedores en el que se encuentra la firma. En una segunda lectura –y para algunos interesados en la resolución legislativa que tendrá el proceso de expropiación si sigue adelante– los bancos Nación y Provincia (ambos acreedores de Vicentin) habrían ya realizado gestiones ante el juez del concurso para que avalase la intervención.

El caso Vicentin pondrá al oficialismo ante la oportunidad de mostrarse tal como Fernández dice que es, algo más racional, sensato, institucionalista y republicano –un objetivo que durante la campaña, el presidente se esforzó por explicarles a los votantes que él era portador de aquellas virtudes; o bien, como pretende ser de ahora en más, por decisión de la vicepresidenta Cristina Fernández: un gobierno duro de paladar negro, arrastrando lo peor que mostró en el pasado y al que indubitablemente se lo relacionará con el estilo chavista impuesto en Venezuela, transformando al país en Argenzuela.

Frente al lugar más que incómodo y confuso que el caso Portezuelo del Viento ha colocado al peronismo provincial, que se debate entre los que dudan si festejar el posible freno al proyecto de obra más importante y trascendente de los últimos años y de los que vendrán, Vicentin puede ser pan comido. Para el PJ local será mucho más sencillo explicar su posición ante la intervención y posible expropiación de Vicentin que, desde ya, su posición en el caso Portezuelo, asunto que marcará la agenda fuertemente por los próximos días en la provincia y también, a fuego la política de los próximos años.

Vicentin ha puesto, sin embargo, bajo la lupa el accionar de otro mendocino, no peronista, pero sospechosamente inclinado al oficialismo nacional. Se trata del diputado José Luis Ramón, uno de los líderes de Protectora. Ramón pareció mostrarse en un primer momento partidario de la intervención y del intento de expropiación de la cerealera. Eso provocó una grieta en el movimiento porque Mario Vadillo, el otro dirigente de importancia de la ONG devenida en partido político, promovió un documento oponiéndose a la maniobra.

Pero, Ramón será clave para el objetivo del kirchnerismo. El proyecto de expropiación necesita de una decena de votos que el bloque del mendocino los puede aportar. ¿Y qué ha decidido Ramón y su gente? Nada todavía, según asegura. El legislador analiza el tema por varios caminos y fuentes. Tiene amigos en Santa Fe y familiares agropecuarios en Córdoba. Dice que, por ahora, el asunto Vicentin está dominado por la batalla entre oficialismo y oposición que se libra en los medios y que en ese plano no se va a involucrar. Y que hasta que no conozca el proyecto, que jura no haberlo visto, “no se tomará decisión partidaria”.

Ramón está convencido de que la firma ha sido mal gestionada. Y, también, especula con que el Gobierno ha tenido tres motivos para imponer en agenda el caso Vicentin: el primero es político y en soledad para mostrar la fortaleza del Frente de Todos y su capacidad para ir detrás de un objetivo, además de intentar demostrar que puede ocuparse de otros asuntos por fuera de la pandemia; hay un objetivo económico, según sospecha Ramón, se trata de la posibilidad de usar a Vicentin como caja, y un tercer objetivo que es el social, por el que aparece el Estado (con este gobierno al frente) haciéndose cargo de los productores, de los cheques rechazados, de los empleados y demás consecuencias.

Finalmente, Ramón, un diputado clave en todo esto, dice: “Con la expropiación, tampoco tomamos posición aún porque el argumento central para estar a favor, o no y/o abstenerse, es necesario determinar ‘la causa de utilidad pública’ y la valoración patrimonial e intereses económicos y sociales en juego. Analizado eso, se puede tomar una posición. Antes no. En cuanto al Bloque Unidad Federal para el Desarrollo, ya nos reunimos y resolvimos no tomar posición hasta tener los elementos para analizar en concreto. Sin caer en los argumentos mediáticos de uno y otro frente”.