Una propuesta presentada en Córdoba busca habilitar una modalidad que hasta ahora no está contemplada de manera general en los cementerios del país: que una persona pueda ser enterrada junto a su animal de compañía.

El proyecto fue impulsado por el legislador Oscar Agost Carreño y plantea que perros, gatos y otros animales puedan compartir el espacio de descanso con sus dueños, siempre que se cumplan determinadas condiciones sanitarias y operativas.

La iniciativa no obligaría a los cementerios públicos ni privados a ofrecer esta posibilidad. Cada establecimiento podría decidir si incorpora la modalidad y, en caso de hacerlo, debería ajustarse a un protocolo que elaboraría la Provincia.

Qué animales estarían incluidos

El proyecto contempla principalmente a perros, gatos y otros animales que puedan ser considerados de compañía. La propuesta, sin embargo, establece algunos límites.

Quedarían excluidos los animales de gran tamaño y aquellos que no entren dentro de esa categoría. Como ejemplo, Agost Carreño mencionó que la iniciativa no busca habilitar entierros conjuntos con caballos o cocodrilos.

Además, cada animal debería contar con un certificado de defunción emitido por un médico veterinario. El profesional también tendría que determinar si padeció alguna enfermedad que pudiera representar un riesgo sanitario.

Cómo serían los entierros

El proyecto deja en manos de la autoridad provincial la elaboración de un protocolo que determine las condiciones para realizar este tipo de inhumaciones.

Entre las alternativas analizadas aparecen los ataúdes cerrados, las bolsas sanitarias y la posibilidad de que solamente se depositen las cenizas del animal junto a los restos de su dueño.

Las condiciones podrían variar según cada cementerio y cuestiones ambientales, como el espacio disponible o la cercanía de las napas de agua.

Según explicó el legislador, la propuesta tomó como referencia experiencias de otros países donde ya existen distintas formas de permitir que las personas mantengan a sus animales de compañía en el mismo lugar después de su muerte.

Por el momento, se trata de un proyecto y no de una práctica autorizada de manera general. Su eventual aprobación abriría la puerta a una alternativa que busca responder a un vínculo cada vez más estrecho entre las personas y sus animales de compañía.