Tres días pasaron desde que se conoció que en el barrio Espejo, de Las Heras, hay 10 contagiados de coronavirus que se encuentran aislados en hospitales públicos. Mientras las autoridades buscan establecer cómo empezaron los contagios, la sospecha en esa barriada es que la mayoría se contagió en una fiesta clandestina donde había 20 personas. Por esto, los vecinos temen por nuevos casos. “Estamos con mucho miedo con todo lo que ocurrió, es una inconsciencia que afecta a todo un barrio”, dijo Elizabeth.
Pese a la complejidad del hecho, este lunes el barrio amaneció tranquilo. Sólo un movil policial permaneció apostado durante unas horas en la puerta del Centro de Salud número 18 donde, además, funciona el centro Centinela.

“La gente no respeta la cuarentena, esa es la realidad que se vive en este barrio y, más allá de lo ocurrido, la inconsciencia está presente. La circulación por la calle es normal, hay gente que necesita salir porque no tiene otra alternativa y ahí están. Nadie los controla. Acá está faltando una pata fundamental que es la presencia del Estado, que no está”, dijeron algunos vecinos.
Vivir con miedo
José es jubilado y vive solo. Su casa esta pegada al único centro asistencial del barrio y en el que se detectó que el matrimonio y su hijo tenían COVID-19.
Constantemente ve pulular adultos y niños, pero el operativo del Gobierno montado entre sábado y domigo hizo que su mirada sobre la enfermedad cambiara. De tenerle respeto al contagio pasó a tener miedo.

“Hoy estoy con miedo. Mis hijos me llaman constantemente, me piden que me cuide, pero necesito salir a hacer compras porque vivo solo. Yo tomo todas las medidas sanitarias, pero ahora siento que nada es suficiente y, seguramente, reforzaré todo”, aseguró con lágrimas en sus ojos.
Consultado sobre la angustia que reflejaba, dijo: “Estoy muy cerca del foco de contagio y hoy, repito, estoy con miedo. Tengo miedo a contagiarme”.
“No espero que nadie me cuide”
Distinto es el caso de Elizabeth, que también reside muy próximo al Centro de Salud, pero que no tiene miedo porque en su casa están dadas todas las condiciones sanitarias para no contagiarse. “Mi marido está operado del corazón y tengo todos los cuidados necesarios. Nadie, ni el gobierno provincial, ni nacional, tiene que darme nada para que me cuide. Si uno no lo hace, nadie lo hace por uno”, contó.

La mujer se mostró indignada por la actitud del matrimonio y la celebración que está prohibida -tanto por el día en que se hizo, un martes, y por la cantidad de personas, 20 en lugar de 10-. “Más allá de que fue lejos de esta zona, unas diez o quince cuadras, no sé bien a dónde se hizo esa fiesta, lamentablemente todos cayeron acá para hacerse atender y ahí es donde los que nos cuidamos podemos contagiarnos culpa de esos irresponsables”, aseveró.
Respecto a los refuerzos sanitarios que había realizado el municipio tras conocerse los nuevos casos, la señora fue tajante: “Pasan por la calle y tiran un poquito de agua con jabón, eso es todo”.
Desde el martes se conocían los casos
Marisa es otra de las vecinas de la zona que , tras cobrar los 10 mil pesos del Ingreso Familiar de Emergencia (IFE) invirtió el dinero en frutas y verduras y se instaló una verdulería en la puerta de su casa.
La mujer aseguró que no está sorprendida con lo ocurrido, ya que desde el martes pasado se comentaba sobre el caso en el barrio: “Se hablaba constantemente del tema, en la verdulería me llegó el rumor de varias personas, pero como no se confirmaba en ningún medio de comunicación, lo tomé como habladurías. Finalmente fue cierto y la pregunta es: ¿por qué las autoridades no reaccionaron antes?”

“La semana pasada abrimos este negocio con mi marido para tener un ingreso más al de su trabajo y justo pasa todo esto. Realmente estamos muy asustados y con mucho miedo porque es mucha la desinformación que circula”, contó la comerciante que confesó que tras lo sucedido reforzó los controles de seguridad: “Coloqué esas cintas de nylon para que la gente no pase por la vereda y, constanemtente, me higienizo con alcohol y lavandina”.
Sobre la posibilidad de cerrar la verdulería dijo: “Si en vez de frutas y verduras fuera una despensa, ya habría cerrado el local, pero con esta mercadería es más complicado, pero si se empeora no me importa tragarme toda la fruta y verdura, prefiero eso a que mis hijos, nietos o algún familiar se contagie“.
Operativo sanitario
Tras lo ocurrido en el barrio, el intendente Daniel Orozco reforzó el operativo sanitario en las casas de la zona. Matías Pini, a cargo de la cuadrilla responsable de la desinfección, aseguró que si bien el trabajo lo estaban haciendo en los centros de salud, comisarías e incluso en el hospital Gailhac, ahora la orden estaba las casa del barrio.
“Pasamos con la cuadrilla, unos diez trabajadores, y rociamos las viviendas con armonio caternario, un desinfectante que tiene amplio efecto sobre virus, bacterias, hongos, levaduras, esporas, entre otros. La orden es echar en las casas del barrio una vez al día”, comentó Pini.

