Hay una gran diferencia entre el egoísmo, la confianza en uno mismo y la ambición. En realidad, esta última nada tiene que ver con las dos primeras, sin embargo, habitualmente hacemos la siguiente relación como propiedad transitiva: si una persona es ambiciosa es porque tiene confianza en sí misma, por ende, es egoísta. Claro que la parte de ser egoísta no la verbalizamos pero sí la pensamos.

Así nos encontramos con el primer escollo en el camino a la ambición: “Es socialmente mal visto ser ambicioso, porque implica un grado no menor de egoísmo”. Por lo tanto, para ser aceptados, optamos por no declarar nuestras ambiciones y, como somos seres de lenguaje, nos constituyen los relatos que armamos. De tanto escuchar nuestro discurso de ciudadano correcto y esforzado terminamos olvidando nuestras verdaderas ambiciones y dejamos que otros nos digan cómo vivir.

Nadie dijo que era fácil tener ambiciones, pero sí es simple.

Para ser ambiciosos, basta definir un norte, un sueño, un ideal y salir a poner cada día de nuestras vidas un ladrillo más. No es necesario tener un superplán ni todos los detalles definidos. Es simplemente hacer todos los días algo concreto que alimente esa ambición. Así como hablar de agua no moja, hablar de ambición no la materializa.

Si consideramos la astrología como una tecnología para el bienestar humano, como una herramienta para vivir mejor, esta nos dice que, para compartir con otro y ser buen samaritano, primero debo saber quién soy. Y ese saber quién soy se descubre haciendo, poniendo en acciones mis sueños, mis palabras, mis talentos. No es menor que la casa de la identidad esté naturalmente representada por el signo de Aries y regida por Marte. ¿Cómo podemos ser parte de un todo si no sabemos qué parte del todo somos? ¿Cómo podemos participar en una orquesta si no nos atrevemos a cantar con nuestra propia voz? Y la única forma de conocer cómo suena mi voz es cantando.

Toda esta semana estaremos bajo el influjo de la Luna llena en Aries, un excelente momento para despertar mi ambición, focalizarla, comunicarla y hacer acciones concretas y reales para materializarla. Recuerde que no es fácil pero sí es simple. Sólo requiere de voluntad, y la voluntad si se apoya en la confianza en usted mismo, puede ser ególatra y no tener voluntad, pero no puede tener confianza en usted mismo y no tener voluntad.

El único truco para ser ambicioso: confiar en uno mismo.

Y, ¿cómo confiar en uno mismo? Confiar en uno mismo no es un acto de esfuerzo sobrehumano ni una expresión fenotípica de una dotación genética perteneciente sólo a 2% de la población, tampoco es una cualidad reservada para multimillonarios exitosos ni para personas resilientes que han pasado por grandes sufrimientos. Desde la astrología, confiar en uno mismo es aceptar que el único camino posible es ser yo mismo, con luces y sombras, más pulido o menos pulido, pero la única opción es encarnar mi propio personaje, el resto del elenco está ocupado. Confíe, el único trabajo que debe hacer es confiar en usted, lo que falta lo complementa el Universo.