Una vez, un grupo de argentinos que todavía no se llamaban argentinos decidió tomar el toro por las astas. Y no era empresa fácil, porque ese toro era nada menos que España, que en aquellas épocas era un imperio en el que, al decir de sus gobernantes “nunca se ponía el sol”. Pero los muchachos de acá sintieron un sentimiento muy especial dentro de cada uno. Ese sentimiento se llama libertad y lo sentían rodeado de otro conocido como orgullo y de otro que se llama coraje.Y se pusieron a armar este país que hoy conocemos por Argentina y que ellos terminaron soñando independiente.

    Eso ocurrió en un mes como este de hace 197 años. La ocurrencia costó muchas vidas, mucho dolor, mucha sangre. Los demás detalles todos los conocemos: la llovizna y los paraguas y el Cabildo Abierto y el pueblo quiere saber de qué se trata. Claro, en estas épocas no parece quedarnos tiempo para recordar a los fundadores. Es más ídolo un Simpson que un granadero. Cuando al almanaque llega una fecha como este 25, nos alegramos pensando que es un fin de semana largo. Aquellos próceres no estaban pensando en sus intereses personales, estaban pensando en nosotros.

    Sería bueno que un día al año hiciéramos algo por ellos. Sería bueno que quienes ahora tienen la oportunidad de dirigir los destinos de esta tierra repasen los conceptos liminares. Sería bueno que pensáramos en todo eso y nos diéramos cuenta de que la libertad, la independencia, el bienestar del pueblo, no se agotaron en aquella gesta, que es una empresa que hay que continuar en cada uno de nuestros días.