Las escuelas de Mendoza sumaron un nuevo escenario a sus prácticas de prevención: las inundaciones. A diferencia de los ejercicios por sismos, en los que se ensaya la evacuación hacia zonas seguras, ante una tormenta que provoca anegamientos la prioridad es resguardar a los estudiantes dentro del edificio y evitar que salgan a la calle.
Daniel Burrieza, director de Defensa Civil, explicó las diferencias durante el ejercicio realizado este miércoles en la escuela P-100 Marcelino Champagnat, en Las Heras. La práctica planteó una tormenta súbita que podía acumular entre 40 y 50 centímetros de agua y obligaba a activar medidas específicas para proteger a la comunidad educativa.

“Las escuelas tienen un lugar seguro que funciona cuando hay un sismo. Precisamente, ese lugar seguro cuando hay sismo no es el lugar seguro cuando llueve”, señaló el funcionario.
Por qué no se debe evacuar hacia la calle
Mientras que ante un movimiento sísmico la evacuación permite alejarse de posibles derrumbes y daños estructurales, una inundación presenta otro peligro: el agua acumulada puede volver intransitables las calles, generar corrientes y dificultar el acceso de los equipos de emergencia.
Por eso, si se produce una crecida, los alumnos deben permanecer dentro del establecimiento y trasladarse a un sector elevado. En los edificios que no cuentan con una planta alta, el ejercicio contempla otras alternativas de resguardo, como ubicarse sobre los pupitres, según las indicaciones previstas para cada caso.
La diferencia también modifica las primeras acciones del personal. Burrieza remarcó que, ante el ingreso de agua, resulta prioritario interrumpir el suministro eléctrico para prevenir accidentes por electrocución. El corte de otros servicios, como el gas y el agua, también forma parte de las medidas de prevención contempladas para la emergencia.
Además, recomendó que las familias y las instituciones guarden con anticipación los artefactos eléctricos, los medicamentos, la ropa y los alimentos en lugares elevados para evitar que entren en contacto con el agua.
Cuándo pueden ir los padres a buscar a sus hijos
La permanencia dentro del edificio también cambia la forma en que se organiza la salida de los estudiantes. En lugar de convocar a las familias de inmediato, las instituciones deben activar un plan de llamadas para informar que los chicos están bien y pedir a los adultos que esperen una indicación antes de acercarse.
La medida busca evitar que los padres queden expuestos a calles anegadas o a sectores con problemas de circulación. La comunicación se realizará principalmente por teléfono, aunque las redes sociales también servirán para difundir información sobre lo que ocurre.
Burrieza explicó que las previsiones meteorológicas permiten anticipar algunas de estas situaciones. En establecimientos con dificultades de acceso, las autoridades pueden evaluar la suspensión de clases antes de que docentes y alumnos deban trasladarse por sectores comprometidos.
Qué zonas de Mendoza presentan mayor riesgo
El director de Defensa Civil indicó que el organismo trabaja con mapas para reconocer los puntos más vulnerables ante lluvias intensas, crecidas y movimientos de suelo.
Entre ellos mencionó los terrenos bajos y los barrios ubicados cerca de cauces aluvionales. También advirtió sobre las consecuencias de ocupar terrenos sin respetar el ordenamiento territorial, especialmente en sectores del piedemonte donde la impermeabilización del suelo dificulta el escurrimiento.
Para reducir el peligro, el Estado realiza tareas de limpieza de cauces y construye defensas destinadas a proteger a las poblaciones cercanas.
Consultado por los inconvenientes registrados durante las últimas jornadas relacionados al Super Niño, como calles anegadas y problemas en la infraestructura vial, Burrieza sostuvo que esos episodios forman parte de los escenarios que los equipos deben contemplar. “Si nos sorprendiera quiere decir que no nos estamos preparando”, afirmó.
El ejercicio buscó que docentes, estudiantes y familias conozcan cómo responder ante una emergencia hídrica, con una premisa diferente a la de los sismos: cuando el agua amenaza con aislar el establecimiento, salir no siempre es la opción más segura.
