El primero en irrumpir resultó ser el “clúster político”, cuando días atrás –luego de encontrar en la pandemia un motivo más para buscar sus diferencias– dirigentes de la oposición en la provincia, encabezados por algunos de sus intendentes y legisladores, se lanzaron por las redes sociales a reclamarle al gobierno de Rodolfo Suarez, de manera enfática, que declarase la transmisión comunitaria de la pandemia en Mendoza; y que dejase de decorar o de maquillar la situación en la provincia. Ahora, sin que provocara sorpresa alguna en aquellos atentos al mundo de las noticias y al funcionamiento de los medios, hizo su aparición en escena el “clúster periodístico”, con una de sus miserias varias cuando no pocos de sus integrantes buscaron con desenfreno una desmentida oficial a otra voz oficial que había reconocido en una entrevista radial, que el virus circula en Mendoza, que está entre nosotros y que ya es hora de reconocer que, al menos, en el Gran Mendoza, tendremos que convivir con la peste “comunitariamente” por el tiempo que sea necesario, hasta que aparezca la vacuna que la contenga.

En el medio del clúster político y periodístico, la sociedad está fuertemente atravesada y marcada por una grieta endemoniada que la fractura y la divide sin solución de continuidad por todo; por la política y la ideología, la economía, el dólar, el éxito y el fracaso, por las oportunidades merecidas o no, por el garrote o la tolerancia, la meritocracia o la necesidad y el derecho y, como no podía ser de otra manera, por el coronavirus y las varias formas o estrategias para combatirlo, estupefacta ante la falta de certezas de todo tipo.

La sociedad no se da un respiro. Nadie se da un respiro en una competencia permanente de la que tampoco nadie sabe cuál es la meta, cuándo se gana ni mucho menos el premio, porque, si se compitiera por la calidad y ser uno mejor que el otro en lo que fuese, quizás ese grado de histeria colectiva en la que se convive día tras día tendría un sentido. Como vamos, parece que se trata de un gasto de energía inútil.

La grieta y la insensatez en la discusión pública por cuestiones político-ideológicas entre políticos propiamente dichos, periodistas y la sociedad en general hace tiempo que se instaló y es improbable que desaparezca por mucho tiempo. Preocupa que las diferencias nos terminen dominando a todos frente a una pandemia y la estrategia para combatirla. Está claro –así también y hay que reconocerlo– que existen y justificadas distintas visiones o formas de ver la aplicación de la cuarentena, que ha sido el único método confiable y a mano que encontró la humanidad cuando el COVID-19 sorprendió con su presencia hacia fines del 2019, arrancando por China.

Pero, en lo que no debería haber disputa alguna, o al menos si existiese, tendría que ser puramente científica, es en la definición o descripción del estatus actual de la pandemia en Mendoza; si existe la tan mentada transmisión comunitaria del virus, lo que eso significa en caso de que así fuese; si estamos en una etapa de contención de la enfermedad o si ya pasamos a la de mitigación y la explicación clara de lo que ambas denominaciones significan; o si nos encontramos, cuando menos en el Gran Mendoza, en lo que se supone que es una etapa de “transmisión comunitaria local o por conglomerados”. Y es aquí, en este punto, donde, por alguna extraña razón, la autoridad provincial de Salud ha dado indicios de no haber hecho pie como cualquiera pudiese esperarlo. Por qué razón, o varias de ellas, vaya uno a saber, el Ministerio de Salud de la provincia no ha respondido hasta ahora por sí o por no algunas de las alternativas que identificarían claramente por el momento de la pandemia en que Mendoza o alguna de sus regiones está transitando. Es extraño, tan extraño como el comportamiento de los políticos y el de los periodistas frente a la noticia o primicia.

Lo que a esta altura no tendría que ser un debate eterno de discusión y, por sobre todo, en la sociedad, es el cuidado individual de las personas, por sí mismas, para evitar contagiarse: la distancia entre las personas no convivientes cuando se transita por la vía pública o se asiste a comercios, bancos, reparticiones o cualquier lugar de concurrencia masiva, el uso consciente del tapaboca, la limpieza permanente de las manos y ese listado de recomendaciones con los que los especialistas taladraron por los medios desde el último verano a esta parte; más de cuatro meses de diatribas incansables y permanentes, absolutamente indispensables y necesarias que cada uno debería tenerlas internalizadas y naturalizadas y no esperar la calificación o certificación oficial de que el virus “ya circula de manera comunitaria entre nosotros”.