Disminuyó la cantidad de mendocinos que deciden vivir solos. El contexto económico es muchas veces un factor determinante ante esta situación, por lo que muchos apuestan a convivir con una pareja o amigos para poder reducir los gastos. En otros casos, deben volver con el núcleo familiar.

Según la Encuesta de Condiciones de Vida de la Dirección de Estadísticas e Investigaciones Económicas (DEIE) del Gobierno de Mendoza, durante el 2017, sólo el 12,5% de los hogares mendocinos eran unipersonales, lo que demuestra una leve baja con respecto al 2016, cuando representaban el 13%.

Esta situación se ve reflejada en Capital, Godoy Cruz, Guaymallén y Luján de Cuyo, donde bajó el porcentaje de personas que vivían solas. En tanto, en Maipú y Las Heras se registró un incremento.

Entre los departamentos donde el porcentaje de los hogares unipersonales es más elevado se destaca Capital (19,6%), seguido por Godoy Cruz (14,8%), Las Heras (10,6%), Guaymallén (9,6%), Maipú (7,3%) y Luján (7,2%).

Los motivos

La mayoría de las personas que decide vivir sin pareja son aquellos que están entre los 25 y 34 años. Esta aspiración de salir de sus hogares para poder emprender su vida por su cuenta implica una libertad que cada día cuesta más. El costo de vida, afrontar un alquiler y poder mantenerse, aunque sea con la ayuda de un familiar, hace que muchos se replanteen esta posibilidad.

A su vez, aquellos que ya lograron salir del hogar deben pensar nuevamente en volver a él ante la presión económica que implica conllevar una casa.

Según explicó el psicólogo clínico de orientación cognitiva, Daniel Venturini, “las personas están dejando de vivir solas, esta disminución de los hogares unipersonales está más ligada a la crisis económica que a las cuestiones afectivas de la necesidad de unirse a otro”.

En ese sentido el profesional, que también se desempeña en el Hospital Carlos Pereyra, destacó que la imposibilidad de costear los gastos concernientes al mantenimiento de un hogar hace que las personas “se vean obligadas a tener que volver a compartir una vivienda o con otros o con miembros de su familia de origen” y agregó que más que una elección se trata de una “necesidad”.

“No descarto la posibilidad de que en el total haya un porcentaje que sí esté ligado a factores afectivos, que ha encontrado pareja y ha construido la segunda alternativa que son los hogares ensamblados, pero la mayor parte en mi observación, al menos en lo que me manifiestan en la consulta, está ligado a una situación económica”, agregó.

Consultado al respecto, Carlos Farina, de Farina Inmobiliaria, enfatizó que son cada vez más los casos de estudiantes que se habían mudado al Gran Mendoza para poder continuar con sus estudios “acompañados o auxiliados por el aporte familiar que han tenido que volver a sus hogares o incluso suspender la facultad porque no estaban en condiciones de afrontar el alquiler o la universidad”.

Entre las opciones que manejan los jóvenes ante este contexto, Farina destacó que más allá de volver a sus lugares de origen y utilizaron los medios de transporte público para poder continuar con sus estudios, por ejemplo, también se dan muchos casos de “grupos de chicas o chicos, que se reúnen para alquilar un departamento para poder bajar los costos, siempre con el acompañamiento de los padres detrás”.

En tanto, como una posibilidad de “aguantar” un poco más otros optan por abandonar la vivienda actual y buscar otras de valores más económicos, aunque eso implique mudarse a otra zona.

Analizar las alternativas

Natalia (29) es una joven profesional que vive junto a una amiga en la Sexta Sección. Sin embargo, comentó que recientemente su compañera se quedó sin trabajo, por lo que debe abandonar el departamento. “Ante esta posibilidad estoy pensando seriamente en buscar otra persona para compartir los gastos o mudarme con mis padres porque sola, lamentablemente, no puedo afrontarlo”, sostuvo.

Por su parte, Julieta (25), una estudiante universitaria, vive actualmente sola en un departamento en Godoy Cruz. La joven logra mantenerse gracias a la ayuda económica de sus padres. Pero ante la imposibilidad de estos últimos de continuar ayudándola, decidió “probar la convivencia con mi novio, de esa manera puedo aliviar económicamente a mis padres y evitar volver a casa”.

Cómo afecta a las personas

Tener que abandonar la vida solos en muchas ocasiones implica relegar no sólo cierta libertad, intimidad o poder, sino que puede representar además la imposibilidad de poder concretar un proyecto o un anhelo.

Al respecto, Venturini explicó que “psicológicamente, emocionalmente se vive como un retroceso, con mucha frustración, con una actitud resignada porque de alguna manera no tiene que ver probablemente con una elección,  con un anhelo o algo deseado sino con una circunstancia, donde no le queda otra alternativa”.

En ese sentido hizo hincapié en que no se trata sólo de las personas que eligen vivir solas, sino que incluye además aquellas que habiendo formado una pareja y luego de que esta no funcionara, regresan con su familia de origen ya que no pueden afrontar el costo de continuar viviendo por su cuenta.

“En ambos casos se está dando un alto porcentaje que tienen que compartir o volver a sus hogares de origen. Se vive con resignación porque, de alguna manera, su planificación la idea de ir para adelante, ganando en autonomía, independencia, libertad, proyección personal se ve obstaculizada por esta circunstancia”, detalló el profesional de la salud.

Poder afrontar esta situación de la mejor manera posible depende, muchas veces, de la posibilidad de desarrollar “una condición o calidad adaptativa de todos los seres humanos que es la tolerancia a la frustración”.

Según detalló el psicólogo esta frustración no sólo es inevitable sino también “inherente a la vida”. En ese sentido, aquellos que no tienen esa capacidad enfrentan más dificultades para adaptarse, “y siempre el criterio o el principio de realidad, se impone ante el deseo, los anhelos puedan tener”.

“La resignación es necesaria, a veces se trabaja desarrollando la tolerancia a esa frustración, aceptando esa realidad y viendo de qué manera, desde un lugar constructivo, no de enojo, no de resentimiento se pueden empezar a reconstruir las condiciones que gradualmente permitan, en el futuro, volver a retomar el proyecto”, concluyó el profesional.