Ante tamaña bestialidad, el referí que levanta las manos y dice: “¡Siga, siga! ¡No pasó nada! ¡Siga, siga!”. El referí no quiere involucrarse, no quiere asumir su autoridad, y hace lo que se llama la vista gorda. ¡Siga, siga! ¿Acaso no nos pasa diariamente a nosotros? Cuando, por ejemplo, estamos conduciendo nuestro vehículo y nos pasa otro vehículo, no por al lado sino por adentro de nuestra guantera, y dobla a la izquierda cuando puso la luz de giro a la derecha, de tal forma que uno tiene que frenar atravesando el piso del auto y haciendo raspar el zapato contra el asfalto. Y el inspector de tránsito levanta las dos manos, “!Siga, siga!”.
Cuando, por ejemplo, ocurre alguna irregularidad en el trabajo y uno sabe qué pasó y entonces le cuenta al jefe, no por botón, sino porque pretende que el trabajo se haga bien. Y el jefe contesta: “Usted ocúpese de lo suyo, Sosa. ¡Siga, siga!”.Cuando te curran con un servicio público y uno va a reclamar por el curro y te atiende un señor que te dice que la Compañía comenzará una investigación para saber si el reclamo corresponde,“¡Siga, siga!”.Cuando te viene mal facturada una boleta de algún servicio y vos te quejás y demostrás que tenés razón en la queja y te dicen: “Usted primero pague y después haga el reclamo. ¡Siga, siga!”.
Cuando, por ejemplo, los mismos tipos que nos mal gobernaron en años pasados vuelven a estar en las listas de los que nos van a mal gobernar en el futuro y uno se queja y la política responde: “Usted vaya a votar y listo. ¡Siga, siga!”. No solamente en las canchas se ve este tipo de gesto, a veces parece que las infracciones, cualesquiera que sean, a los que deben actuar, como al referí, les importan un pito.
