Tres años después de un estreno mundial que estuvo en boca de todos -jóvenes, adultos, especialistas, psicólogos, profesores, conservadores, seriéfilos-, 13 Reasons Why llega a su fin. La serie de Netflix que inicialmente trató del suicidio de la joven Hannah Baker (Katherine Langford) y que luego derivó hacia otras complejidades, lanzó este viernes en el servicio de streaming su cuarta y última temporada.
El fenómeno “13 Razones” se desinfló una vez que los guionistas eligieron alejarse de las polémicas para inclinarse, con su narrativa melodramática, a un lugar más convencional. Al principio, el interés estuvo en una premisa diferente aunque escabrosa: la de una chica que decide terminar con su vida y explica, en 13 casetes, los motivos que la llevaron a tal decisión. Ahí están el bullying, el abuso sexual, el slut-shaming, la soledad, el abandono, la depresión, un montón de elementos que dejan huella profunda.
A dos años del estreno, Netflix decidió editar la secuencia explícita de la muerte de Hannah, luego de que un estudio demostrara que en Estados Unidos, en la franja de edad de los 10 a 17 años, los suicidios aumentaron un 28,9%. En la versión original, la protagonista se cortaba las venas en una bañera y la cámara tomaba todo.
Hubo organizaciones cristianas que pidieron que la temporada 2 de 13 Reasons Why no saliera a la luz, pero lo hizo y vino con otra polémica aún mayor. Al cierre de temporada se incluyó una escena sumamente gráfica de agresión y abuso sexual entre hombres, que de vuelta puso a todas las miradas inquisidoras sobre los creadores Diana Son y Brian Yorkey, que defendieron a capa y espada.
Con todo, hubo temporada tres pero para ahí el entusiasmo había decaído. Ya sin el personaje de Langford en el medio (en la 2 fue el fantasma que atormentó a Clay, o sea Dylan Minnette) y con algunos papeles bien profundizados, la serie giró su foco hacia otra muerte.
Para esta temporada que estrenó este viernes, los muchachos y muchachas lidiarán con las sombras de sus culpas, sobre todo, Clay, al que la oscuridad le pesa cada día más. Hay alguien que sabe lo que hicieron y el pasado se les vuelve una bomba de tiempo.
Los personajes, todos angustiados y trastornados, algunos bien interesantes (el de Jessica Davis a cargo de Alisha Boe, el de Justin Foley a quien interpreta Brandon Flynn) tendrán en estos episodios la posibilidad de completar sus arcos dramáticos, y encontrar un poco de luz para lo que queda de sus vidas. A un paso de la graduación, inevitable cliché de las series adolescentes, hay que cerrar definitivamente un ciclo.

Hannah Baker es, a esta altura y a juzgar por el tráiler, el recuerdo del tiempo en el que las cosas empezaron a torcerse.
Por fuera de los fanáticos que mantuvo, la expectativa alrededor de la última temporada está lejos del ruido que causó en sus primeros años. Es más bien el adiós esperado a una serie que, con errores, trajo a la pantalla un puñado de temas tabú para romper el molde con el que se miraba a la adolescencia en la televisión, justo en un momento de cierta apertura de la sociedad a enfrentar los monstruos del acoso en todas sus formas (escolar, sexual, cibernético).
