“¿Vieron que todo el mundo dice ‘qué rápido se pasó el año’?” Bueno, no sería el caso”. Rodolfo Suarez sonrió inmediatamente después de soltar esa frase, la primera de una larga entrevista con El Sol.
Sentado en un sillón de la residencia oficial de La Puntilla, el gobernador repasó durante más de una hora los principales aspectos de su gestión, que miércoles 9 de diciembre cumplirá su primer año y que estuvo fundamentalmente marcada por la pandemia.
Pero si bien el coronavirus se llevó casi toda la atención oficial durante este caótico 2020, en la charla también dejó definiciones contundentes y, en algún punto, inesperadas. Como sus sospechas de una campaña internacional, motivada por intereses económicos, para hacer caer su proyecto de impulsar la minería en la provincia. O su relación cada vez más fría con la Casa Rosada, que quedó más clara que nunca el pasado viernes, cuando no fue invitado a un almuerzo con otros gobernadores.
– ¿Cuál es el balance de este año?
– Ha sido un año muy intenso, inesperado. Sabía que pasar de la Municipalidad de Capital al Gobierno provincial obviamente iba a tener otra dificultad, pero nunca pensé encontrar una complejidad de esta naturaleza. Una pandemia con las características que ha tenido, con la imprevisibilidad que tiene la enfermedad. Con la persistencia y con problemas nuevos, de los cuales no había literatura porque la última pandemia fue hace 100 años.
Todo este escenario fue complejo. Las estrategias para combatir el coronavirus y sobre todo para mantener el equilibrio entre el empleo, la salud física y psicológica de las personas.
Esto no ha terminado, todavía estamos transitando este camino de la pandemia. Con menos casos ahora, con menos ocupación hospitaliaria pero tenemos que seguir reforzándolo. Esto vino tocar todas las políticas públicas del Estado. La economía, el turismo, educación, todo estuvo marcado por la pandemia.

– ¿Cuándo cree que se terminó la cuarentena en Mendoza?
– Hubo un hecho puntual, que fue cuando el presidente (Alberto Fernández) autorizó las salidas de 500 metros y que ninguna provincia lo hizo, salvo Mendoza. La gente empezó a caminar y a partir de ahí empezó semana a semana una serie de aperturas. Ya habíamos comenzado con la obra privada, que prácticamente no estuvo parada. Nunca paramos. Nunca fuimos a una etapa como en esos primeros veinte días del cierre.
– ¿En qué momento de la intimidad del círculo de gobierno vieron el momento más crítico?
– Fue cuando el sistema hospitalario llegó a estar al 95 por ciento de ocupación. Implementamos una logística del manejo de camas Covid en el Gran Mendoza, de manera que las ambulancias no salieran de un domicilio viendo a dónde tenían que ir. Hubo noches muy intensas de trabajo y en eso estuvimos todos trabajando. Fueron momentos muy difíciles pero nunca se dejó de atender a una persona en Mendoza. El otro dato importante es la tasa de mortalidad, mucho más baja que la del país. Lo que significa que los terapistas y los médicos han salvado personas.
– En esa cuenta hay que estimar que cerca de 400 mil personas estuvieron enfermas.
– Nosotros podemos calcular que un 20 por ciento de la población de Mendoza estuvo contagiada. Obviamente deberíamos hacer test antígenos a toda la población para saberlo, pero hoy día no tenemos la capacidad económica y técnica para testear a todo el mundo. El dato cierto que queda son los muertos. Estamos en una baja importante, que tiene que ver con la positividad: hemos pasado del 42 al 13 por ciento. El tiempo de duplicación ya es muy alto, no es un preocupante, y las terapias están al 65 por ciento. Los médicos ya tienen otra gimnasia para atender. La atención temprana es fundamental. DE 100 casos, 95 son leves, ese 5 por ciento, 3 van a terapia y dos fallecen.

– ¿La Nación tuvo una estrategia adecuada para enfrentar la pandemia?
– Pienso que tendría que haber abierto antes, porque si se toman el trabajo de hacer un análisis de las curvas de casos en Mendoza y la ponen sobre una curva nacional, siempre que tuvimos un pico en Mendoza, hubo un pico a nivel nacional, en Rosario, Córdoba o Buenos Aires, con economías mucho más cerradas. O sea, el virus se comportaba igual con la economía abierta que con una economía cerrada, porque la gente se movía igual. Se podría haber liberado mucho más y antes. Por eso en un momento se abandonó el discurso de la cuarentena a nivel nacional y se apostó a la conciencia individual.
– Cuando viaja a Buenos Aires y se encuentra con Alberto Fernández o con los ministros ¿Lo miran mal por todo esto?
– Tuve unos encuentro duros en las reuniones con gobernadores planteando estas posturas. Con mucho respeto, cuando el presidente insistía tanto en la cuarentena, yo le he manifestado que no es la única manera de combatir el virus. Le pedía que invirtamos una campaña de difusión de conciencia y de cuidado individual. He tenido varias discusiones, siempre en privado, de todo de estos temas.
