La muerte de Isabel Allende se propagó rápidamente por Twitter en la mañana de este miércoles, como suele suceder con una novedad semejante en dicha red social. Sin embargo, el dato era falso, tanto como la cuenta que lo había arrojado a las fauces de los descuidados: el perfil también falso de un funcionario paraguayo vinculado a la cultura. ¿Quién estaba detrás de “la muerte” de la laureada escritora chilena?

Mientras en Twitter con el correr de los minutos unos se lamentaban por la muerte, otros lloraban -y, por supuesto, también estaban quienes criticaban a unos y a otros-, el italiano Tomasso Debenedetti ya había logrado llamar la atención y sembrado la duda, pero no era la primera vez que “mataba” a un famoso o twiteaba noticias falsas desde cuentas también aprócrifas. 

Debenedetti hizo carrera con las noticias falsas a partir del año 2000, mientras trabajaba como freelancer en periódicos italianos. Si bien no es periodista, tiene credencial de “reportero” desde 1998. 

Según indicó a el diario El País en el 2014, quiso ser un redactor cultural, ofrecía críticas y reseñas, pero los editores lo rechazaban. Entonces decidió cambiar de método.

Según explicó, su técnica era vender historias a diarios pequeños en provincias de Italia. Allí no pagaban mucho por las entrevistas, pero le compraban todo el material que llevaba.

Así vendió entrevistas al cardenal Ratzinger, al Dalai Lama, a John Grisham, y a Mijail Gorbachov, entre otros.

Para saber cómo responderían las personas, Debenedetti indica que se leía los libros, y para que se vendieran fácil, incluía frases controversiales acerca de su visión política.

“La información en este país está basada en la falsificación. Todo cuela mientras sea favorable a la línea editorial, mientras el que habla sea uno de los nuestros. Yo, simplemente, me presté a ese juego para poder publicar y lo jugué hasta el final para denunciar ese estado de cosas”, indicó en su entrevista a El País.

Según el italiano, los medios sabían que él vendía entrevistas falsas, pero como la responsabilidad la tenía el autor freelancer, los medios a las que le vendía el material se sentían seguros de que, frente a cualquier problema, podrían desligarse del hecho y culpar al autor.

No fue hasta que publicó una noticia en donde entrevistaba a Philip Roth, a quien citó hablando en contra de Barack Obama que los medios comenzaron a dudar de su trabajo. La entrevista repercutió más de lo esperado, siendo replicaba por varios medios en el mundo. Tras esto, un periodista cuestionó a Roth sobre sus dichos, y el autor negó haber hablado con el medio Libero y de conocer a Debenedetti.

Según Bussiness Insider, habría unas 60 entrevistas que realizó Debenedetti que se creen que son falsas.

Desde el año 2011 Debenedetti se ha enfocado en hacer correr noticias falsas por Twitter. Su modus operandi es breve, pero se hacen virales rápidamente: crea una cuenta de alguna autoridad como un ministro, en su primer tuit saluda a sus seguidores, y luego en un segundo tuit y con mayúsculas, anuncia de manera urgente que algún personaje importante ha fallecido.

Así lo hizo con la cuenta falsa del nuevo ministro de Cultura de Paraguay, Arturo Capdevila -que, en medio del revuelo, aclaró que no tiene cuenta en la red social-:

Lo hizo así con el escritor Mario Vargas Llosas, y también ahora con Isabel Allende. Según ha indicado en sus entrevistas, su objetivo más que molestar, es hacer evidente cuán fácil es engañar a los medios.

Otras personas a las que mató por la red social han sido Mijaíl Gorbachov, Pedro Almodóvar, Fidel Castro y J. K. Rowling.

Por supuesto, Allende no sólo desmintió su muerte, sino que también adelantó que está escribiendo un nuevo libro:

Para que sepan, no sólo no estoy muerta pero además estoy terminando un nuevo libro.
Just so you know, not only I an not dead, but I am finishing a new book.

— Isabel Allende (@isabelallende) 22 de agosto de 2018