Si te realizas un tatuaje, no solo se produce un cambio de aspecto, sino que hay una serie de transformaciones como consecuencia de procesos químicos.

El temor al dolor o a algún otro efecto indeseado hace que mucha gente tema hacerse un tatuaje. El proceso en sí no es sencillo.

Al hacerte el tatuaje, una aguja perfora tu piel de 50 a 3000 veces por minuto, así que no sólo sangrarás mientras te hacen el dibujo, sino que podría haber sangre tiempo después.

Los tatuajes se llevan a cabo con agujas llenas de tinta que penetran profundamente bajo la piel, y aunque muchos dicen que no duele, tu cuerpo sí registra el dolor.

Hacerse un tatuaje por primera vez en realidad suprime el sistema inmunitario, probablemente debido al estrés que provoca la experiencia.

Durante las próximas 4 o 6 semanas, habrá costras en tu tatuaje. Esto se debe a que el plasma que produce tu piel naturalemente, se endurece y forma una pequeña costra sobre el tatuaje.

Las marcas desaparecerán con el tiempo, pero si se torna de un color verdoso y te duele, quiere decir que tu tatuaje se ha infectado.

Además de las costras, también podrías sentir mucha picazón y notar que tu piel se descama un poco, evita sucumbir a la tentación de rascatar o podrías lastimar la piel y retrasar su recuperación.

Hacerte un tatuaje es como hacer miles de pequeñas heridas en la piel, tu cuerpo lo ve como un ataque y tratará de defenderse liberando adrenalina y endorfinas (analgésicos naturales del cuerpo).

Seguramente sentirás cierta euforia. Cuando empiezan los pinchazos el organismo reacciona para luchar y paliar el dolor activando el sistema nervioso simpático. Esto hace que comencemos a descargar más adrenalina de lo normal, lo que acelera nuestra respiración, ritmo cardíaco y aumenta nuestra energía.

Las endorfinas liberadas actúan como analgésicos naturales del cuerpo, por lo que notarás cómo a los pocos minutos se calma y estabiliza el dolor.

Ambas sustancias químicas, la adrenalina y la endorfina, vienen directamente desde el cerebro e inundan todo el cuerpo deleitándonos con un inesperado estado en el que experimentamos sensaciones de tensión y relajación al mismo tiempo.

Podría pasar que el diseño de tu tatuaje se corre ligeramente por la piel y no se ve tan defnido el dibujo como cuando se terminó. A tomarlo con calma, que en alguna medida eso es normal.

Esto quiere decir que la piel está sanando, consulta a tu tatuador si notas algo anormal. Esto es en casos muy muy raros; sin embargo, hay que tomar en cuenta que un tatuaje es un “material” extraño en nuestro cuerpo, y él lo puede reconocer de esta forma, reaccionará como si fuera una alergia.

De pronto se siente dolor, junto con enrojecimiento e hinchazón que es caliente al tacto, es una señal de infección y deberás acudir al médico para asegurarte de que no es un problema serio. En casos poco frecuentes, los tatuajes pueden infectarse.