Las escuelas de negocios llevan años transmitiendo todas las teorías de management que hablan de una gestión líquida, de empatía, resiliencia, acompañamiento o conexión emocional desde que Rosabeth Moss Kanter, una de las más grandes expertas mundiales en la materia, abrió a finales de los años ochenta desde Harvard el debate entre la gestión hard clásica y esa nueva gestión soft. Sin embargo, las situaciones que genera la actual crisis por la pandemia mundial del COVID-19  han puesto a prueba estos conceptos para adaptarlos a la nueva realidad.

Así, y a partir de esta crisis, los líderes empresariales y tecnológicos deben asegurarse de que sus organizaciones puedan continuar operando a pesar de esta interrupción sin precedentes. Para ello, deben abordar de forma rápida la estabilidad de los procesos críticos y también en sus sistemas.

La resiliencia: factor clave para este nuevo escenario mundial

-La resiliencia de los sistemas explica la capacidad de los mismos para operar durante una interrupción o crisis importante, generando un impacto mínimo en los procesos comerciales y operativos más críticos. Para ello, es fundamental prevenir interrupciones, mitigar su impacto o recuperarse de ellas. 

-Ante esto, las empresas deben operar en una nueva realidad que ejerce una gran presión sobre sus sistemas:

-Los riesgos para la continuidad del negocio incluyen interrupciones en la cadena de suministro, modificaciones en los puntos de contacto con los clientes, falta de disponibilidad de recursos críticos y brechas en los protocolos de continuidad del negocio.

-Se producen aumentos repentinos en los volúmenes de transacciones (por ejemplo, debido a un cambio de compras físicas a digitales) o disminuciones abruptas en la demanda.

-Es necesario monitorizar, hacer informes y tomar decisiones con datos en tiempo real para responder a las necesidades inmediatas del negocio en un entorno dinámico.

-Los diversos desafíos, relativos a la conectividad y la seguridad, que afectan a la productividad de los empleados que trabajan de forma remota.

-Enfrentarse ante riesgos relativos a la seguridad ya que, inevitablemente, terceros con malas intenciones buscarán aprovecharse de las personas y las organizaciones.

La necesidad de un nuevo liderazgo gerencial

“De todas estas competencias que debía tener el nuevo directivo se hablaba tanto en las escuelas de negocios como se despreciaban en la gestión empresarial, y de un día para otro nos hemos dado cuenta de que la respuesta empática, la flexibilidad de estructuras y la respuesta ágil se han convertido en capacidades esenciales en momentos como el actual”, reflexiona Ángel Castiñeira, profesor del departamento de Sociedad, Política y Sostenibilidad de Esade de España.

En este sentido, y dado el nuevo escenario mundial por el que atraviesa la sociedad, la actual crisis marcará el desarrollo de ese liderazgo resiliente, adaptativo, anticipativo y hasta transformacional, ya que habrá empresas que más allá de resistir y adaptarse a las nuevas circunstancias deberán transformarse ante unos futuros modelos de producción o suministro que apuntan a la desglobalización o ante el gran impacto que dejará el teletrabajo y la transformación digital de actividades y servicios.

La resiliencia como valor esencial en el recurso humano

Las personas son el recurso más valioso de las empresas. Por esa razón, en tiempos de Coronavirus es más importante que nunca cuidarlas.
 
Ante circunstancias difíciles es frecuente sucumbir al estrés, sufrir falta de concentración, reducir la productividad o encontrar dificultades para generar ideas creativas. La resiliencia es el antídoto en contextos donde la adversidad aparece.

¿Cómo adaptarse?

El cambio forma parte de la vida y, sin duda, el COVID-19 ha propulsado muchos en todos los ámbitos de la vida. Es así que, en donde hay cambio, hay adversidad y, donde hay adversidad, hay oportunidad de crecimiento organizativo. Por eso, en este nuevo escenario, es conveniente que las empresas puedan tener equipos mental y emocionalmente preparados para enfrentarse a las vicisitudes que depara un mundo tan cambiante como el que se está viviendo.


 
Y es que se está en una era donde los acontecimientos se suceden uno tras otro a velocidades asombrosas, por lo que la adaptación a ellos se convierte en una de las Soft Skills más demandadas en el mercado.
                                                              
La resiliencia no solo es necesaria en grandes crisis, también en el día a día e incluso cuando las cosas van bien. Esta determinará la supervivencia de la organización cuando vengan épocas más frágiles.