Tenemos los temblores, que cuando ocurren en la madrugada nos permiten conocer la ropa interior de todos nuestros vecinos. Los temblores, uno de los grandes males de nuestra región. Yo no sé porqué los temblores no están representados en el tercer acto de la Fiesta de la Vendimia cuando se trata el tema de las plagas, el granizo y la helada. El temblor también debería tener su espacio, no podemos subestimar su importancia dentro de nuestra vida cuyana. A ver si se esmeran para la próxima fiesta.
Tenemos formas de combatir los otros males, las plagas por ejemplo, con productos agroquímicos que eliminan los bichos pero te dejan en la uva un gusto a agroquímico que al vino tenés que tomarlo en probetas de laboratorio. Tenemos los tachos para la helada que amortiguan el castigo. Tenemos los aviones antigranizo que no pueden con todo el granizo pero bueno, alguno granos deshacen. Pero no tenemos nada para contrarrestar los temblores. Perdón, salvo el Patrono Santiago.
Según dicen los entendidos la estatua ecuestre del santo que se conversa en la Iglesia de San Nicolás, sobrevivió al terremoto del 20 de marzo de 1861 que destruyó la ciudad y en particular la Iglesia de Nuestra Señora de la Candelaria, donde en un altar lateral estaba la imagen que fue la única que se salvó del desastre. Por tal motivo viene esta especie de conjuro ante los sismos que provee el Santo Patrono.
Eso sí, teniendo en cuenta que vivimos en zona sísmica y que los sismos son habituales, podríamos ayudarlo un poquito ¿no? Reparando estructuras agrietadas y vencidas, construyendo como se debe construir, haciendo simulacros para que la población esté preparada, acondicionando lugares y hospitales a los efectos de prevenir una contingencia. Confiate al santo y no le recés, dice el refrán. Pues nosotros confiamos mucho en Patrono Santiago, pero no se nos cae una oración ni siquiera para su feriado.
