Me senté frente al televisor con ganas.Con ganas de que le ganáramos de una buena vez a los brasileños y en su propia cancha. Pensé, después del partidazo que nos mandamos con Ecuador, no puede ser tan difícil. Así que me senté con un buen vino para brindar en cada gol.No tuve ni la oportunidad de tomar un sorbo. Después, me dije, si pega en el palo, yo chupo igual, pero ni eso che. A la mitad del primer tiempo mis chicos me miraban como diciendo: “Papi, hacé algo”. Yo empecé a cantar: “Vamos, vamos, Argentina, vamos, vamos, a ganar”, pero parece que no los conformó. De todos modos, los brasileños no eran mucho más que nosotros, ni tampoco mucho menos.
Pero yo seguía teniendo confianza, digo, seguía mirando el vino, pensando ya se viene el trago, pero el trago no llegó nunca. Lo veía a Basile caminar de un lado para otro en el corralito, como un gato encerrado, y me decía que no es bueno que un técnico vacile. Entonces, se mandó los cambios. Cuando entró Rodrigo Palacios, faltando treinta segundos para terminar el partido, me dije: ahora sí, esta es la nuestra. Pero tampoco resultó.
Rodrigo se fue a bañar de limpio que es nomás, no porque haya transpirado. Al final escuchamos las declaraciones que hace tanto tiempo escuchamos: merecimos ganar. A ver si dejamos una vez de merecer y ganamos aún sin merecerlo. Miré el campo de juego por última vez y me acordé.Me acordé del campo. Entonces, me dije, podríamos haber presentado un equipo mucho más combativo en el fondo: los cuatro dirigentes de los ruralistas, como para que pararan todo lo que pasara por allí, si pueden parar camiones, ¿cómo no van a poder parar brasileños?
En el medio un doble cinco con Moreno, que mete miedo, y a Cobos, para que pase desapercibido. Y adelante haberlo incluido a De Ángeli y D’ Elía, que van al frente con todo. Están un poquito fuera de estado los dos, pero bueno, hablando de estado los dos han estado como afuera del Estado ¿no les parece? Eso sí, el terreno de juego debió estar plantado con soja. Estoy seguro de que, de esta manera, nos anotábamos un poroto.
