Astrológicamente existen varios elementos que nos conducen a la libertad. La astrología no sólo es un lenguaje que permite comprender en cierto nivel las relaciones existentes entre una persona y el universo; también es una tecnología porque es un elemento de experimentación, no de creencia. En la astrología no se cree, así como tampoco de cree en la ciencia. Así como el primer paso para ser libres es conocer nuestras propias creencias, el segundo paso es tomar conciencia de la muerte, abrazar lo efímero de nuestra vida como un hecho fáctico presente e ineludible y vivirlo a diario no desde el miedo o la evasión sino como elemento de conexión.

Quien no conecta con la muerte no puede conectar con la vida, porque en nuestra naturaleza dual el saber y aceptar que un día será el último es lo que nos permite conectar con el valor del tiempo, de nuestra energía y de nuestra capacidad de elegir. No existe el libre albedrío sino aceptamos la verdad de morir, no existen las ganas de hacer si sabemos que el tiempo es infinito, no existen las ganas de arriesgar si no tomamos consciencia que esta puede ser la única oportunidad. Es cierto lo efímero y frágil de la vida y el peso de la muerte crea miedo y ansiedad, pero también es el mayor motor para crear un sentido de vida y mantener el impulso vital activo. La felicidad es la palabra que utilizamos para definir un sentido vital activo, no es un momento estático ni la suma de las cosas que queremos o necesitamos. La felicidad es la palabra que usamos de forma abreviada que usamos para referirnos a cuán conectados estamos con nuestro impulso vital y las ganas de vivir que tenemos.

Ver también: Parte 1: aprendiendo a ser libres

Hablar sobre la muerte es sano y necesario. Astrológicamente es esencial para definir nuestra casa cuatro, vinculada con las verdades que nos dan base. No sólo es necesario crear y definir historias propias sobre verdades metafísicas de qué sucede cuando morimos, también es necesario aprender a vivir con la muerte a diario, madurar y experimentar como adultos que cada día que despertamos es una nueva vida que tenemos, cada minuto es un momento para experimentar. Temerle a la muerte y vivir como si nunca fuese a llegar es vivir como Peter Pan; ser adultos no es pagar las cuentas, tener hijos y trabajar, ser adultos implica comprender que la libertad se construye, es un acto de voluntad que permite condensar el caos del universo y crear variación en el sistema a través del libre albedrío.

Tomar consciencia de los momentos que experimentamos y de la vida que llevamos dentro es ejercer el regalo de vivir. El miedo a perdernos como seres individuales al momento de morir y simplemente dejar de ser, nos habla de lo que hoy valoramos, aprender a transitar la vida desde la experimentación , la confianza y la expansión es mirar de frente la vida y dejar de lado el miedo a perdernos, perder a seres queridos o lo que consideramos como conocido. Es posible estar muertos en vida, porque una cosa es la vida biológica y otra muy distinta es la experimentación de la vida que nos habita. Nuestros pensamientos, sentimientos, talentos y formas de ver el mundo constituyen la vida que nos habita y compartirlo constituye el hecho de estar vivos.

Temerle a la muerte propia y al dolor que genera la muerte de seres queridos es parte natural de ser humanos, pero muy distinto es vivir condicionados por el hecho en sí. Debemos vivir sabiendo que somos efímeros y un día el telón bajará es por eso que cada día es una oportunidad. Aprender a ser libres es una forma de vivir, es una postura frente a la vida, la cual implica observarse a uno mismo y vivir el presente.