Buenos días, a pesar de todo. A veces hacen inteligencia, quiero decir elijen a la piba, la marcan, la siguen para conocer sus hábitos, horarios y recorridos. Las buscan lindas, es indispensable que lo sea pensando en el negocio. El abordaje dura apenas segundos, en un lugar sin curiosos la rodean, la sedan, la empujan al auto y de golpe, en el asiento de atrás cambia para siempre la vida de esa muchachita, pierde, tal vez para siempre, su familia, su casa, sus amigos, sus estudios, su barrio, sus vecinos, sus ambiciones. Después viene el adoctrinamiento en el miedo, la víctima tiene que temer, para que no se rebele, para que no trate de escapar, para que no avise, para que no haga ni siquiera una llamada. El adoctrinamiento debe entonces ser enérgico, impiadoso. Reclusión en una habitación oscura, malos tratos, amenazas, hambre, sed, torturas, dolor, mucho dolor, el de adentro y el de afuera. Hasta que la maltratada, en soledad, con la angustia de la oscuridad de su pieza y su destino, se vuelve dócil porque sabe que es el único camino para volver a vivir, una vida de mierda, pero vivir al fin. Salir de las sombras para entrar a otra sombra, más siniestra pero con luces de colores. El único camino es entregar su cuerpo, a quien sea, en el momento que sea. Es probable que la trasladen a otro lugar, distante, donde nadie la conozca, donde después, tal vez en un juicio, alguna chica de parecida suerte pueda decir “yo la vi”. Cuidado con hablar por teléfono, celular ni lo sueñes, que no te vea hablando mucho con alguien, aunque sea un cliente, además nadie te va a creer porque muy pocos les creen a las prostitutas. Porque ahora sos eso, ¿entendés?, dejaste de ser la nenita de la casa para ser prostituta, asumilo, porque de acá no tenés escape. ¿Y la policía? Y, muchas veces no saben, y otras veces saben pero le entran basuritas en los ojos. ¿Y los jueces? Bueno, ustedes entienden, los jueces son seres humanos, hay veces en que se equivocan y hay veces en que se venden. Y los padres comienzan con la peregrinación, parecida a aquellas que tantas veces hicieron las madres con los pañuelos en la cabeza. Cada día acerca una esperanza y varias frustraciones. Pero hay otro día adelante, y otro día, y otro día. La voy a seguir buscando hasta la última gota de mi aliento. Mi vida no tiene sentido si su vida no vuelve a la vida. Susana lo va a seguir intentando. Hace unos días, un país sumó su indignación a la suya. Se hizo lágrima de sus lágrimas. Dijo otro multitudinario “nunca más”. Pueda ser que sirva de algo, pueda ser que evite que otra niña, con la sonrisa de luz, con los ojos de esperanza, con la juventud en cada aliento, no caiga en manos de los depredadores de la vida, de los asesinos que matan sin matar, de los nazis del comercio del sexo. Una niña anda suelta por la calle, mirémosla, vigilémosla, ella todavía confía en el mundo, está convencida de que somos sus amigos.
