Los policías siempre están en la mira de la sociedad. Pasan los días, las semanas y los años, y los miembros de la fuerza cargan una especie de control social por la actividad que realizan, que es de las más importantes del Estado. Ayer por la mañana, una patrulla azul con un par de efectivos –un varón y una mujer– llegó hasta la estación de servicio que está ubicada frente a la plaza Pedro del Castillo (la que está hacia el norte). El conductor se bajó y fue hasta el baño. Mientras la colega esperaba en el asiento del acompañante, sin dejar de mirar su celular. Llegó el uniformado y encendió un cigarrillo antes de tomar el volante. Un hombre que cargaba su tanque no le quitó la mirada por el acto de irresponsabilidad de prenderse un pucho en un lugar donde se cargan gas y diversos combustibles.
Esto pareció no importarle al efectivo, quien subió al móvil y siguió su rumbo como si nada malo hubiese hecho y sin comprender que su trabajo es uno de los más observados.