“La prioridad es mantener la tasa de contagio en los niveles controlados. Luego nos volcaremos de lleno a combatir el desastre social y al deber de cuidar a los emprendedores y empresas del tamaño que sean”, decía el 1 de mayo el gobernador Rodolfo Suarez, en su primer discurso ante la Asamblea Legislativa, cuando inauguraba las sesiones ordinarias de la Legislatura.

Cinco meses antes de esa fecha, el 9 de diciembre del 2019, en un día como hoy, soleado y luminoso, Suarez asumía la Gobernación en la explanada de la Casa de Gobierno y, al caer la tarde de aquel lunes tórrido, recibía los atributos del mando de manos del gobernador saliente, Alfredo Cornejo. Algunos minutos después, prometía, frente al entusiasmo de un puñado de militantes que lo vivaban de frente al escenario, “aprovechar la parte nuestra de Vaca Muerta” y llevar adelante el desarrollo minero “donde hay licencia social, porque si no generamos inversiones, no vamos a crecer”. Tras cartón y sin que se le prestara demasiada atención, el flamante gobernador diría que con los dividendos que dejaría el desarrollo minero con el que soñaba, su gobierno se plantearía fuertemente “optimizar el agua con riego por goteo”.

Los dos aspectos mencionados en ambas citas, la primera de mayo –cuando ya en plena pandemia de coronavirus Suarez, se planteaba como prioridad mantener a raya los niveles de contagio sin dejar de lado los aspectos económicos que en aquel momento movilizaban la discusión política nacional– y en aquella de hace un año –justamente cuando asumía y, con entusiasmo, les anunciaba a los mendocinos que impulsaría el desarrollo minero con un énfasis inusual en los gobernadores que lo habían precedido– marcan a fuego las columnas del debe y el haber del primer año de gestión de Suarez que se cumple hoy.

En el haber, claramente, el gobernador ya puede atesorar sin que nadie se lo discuta la forma de gestionar la pandemia frente a un Gobierno nacional que lo miró siempre con disgusto, durante todo el año, por desmarcarse y por poner en evidencia, claro está, los errores cometidos desde la Nación. Ni siquiera la poderosa Córdoba ni mucho menos Santa Fe ni la CABA de Horacio Rodríguez Larreta se animaron a tanto. Incluso, Suarez, casi por poco, pareció divertirse cuando en el peor momento de la relación con la administración nacional, dos días antes de que se cumplieran los términos de un nuevo decreto de la cuarentena nacional, anunciaba esa serie de aperturas y flexibilizaciones del confinamiento en Mendoza que, sabía de antemano, no pasarían ese celoso y apretado cedazo de los permitidos, de lo que se podía hacer y de lo que no, que se reservó para sí el presidente Alberto Fernández, ante la impavidez del resto de los gobernadores provinciales. A partir de ese momento, y más cuando la Rosada lo mandaba a cerrar casi todo por una vez más, Suarez comenzaría un crecimiento en los sondeos, ratificándole el buen rumbo en general que le dio a la provincia para evitar que su economía se desplomara mucho más de lo que lo hizo.

El 2020 se ha convertido en uno de los peores años de la historia en cuanto a ingresos fiscales medidos sobre la recaudación de impuestos y sobre las regalías que, literalmente, se desplomaron. Con la actividad económica por el piso, Mendoza debió depender como nunca de la Nación –como todos los estados provinciales– y la asistencia que le correspondía a la Provincia –no a Suarez, un gobernador de otro color político que el de la Nación, y heredero del opositor quizás más odiado (no así el más temido) por el gobierno de Fernández–, lejos estuvo de ser lo que debió ser. Y lo que debió ser, incluso sobre la base de los mismos indicadores de reparto elaborados por el mismo Gobierno nacional.

Claramente, en la columna del debe, en la de las deudas y con gusto demasiado a poco, aparece el desempeño de aquella promesa entusiasta de promover el desarrollo minero en la provincia en aquellos lugares con licencia social. No se sabe muy bien qué hubiese sido de la suerte de los emprendimientos mineros que esperan un visto bueno de la política para desplegarse si Suarez se hubiese animado a darles impulso en un contexto de pandemia planetaria. Pero, sin dudas, se hubiese ganado tiempo. Es más, hasta la pandemia y sus efectos pudieron haberle jugado a favor del propio Gobierno si, en medio de la mishiadura extraordinaria que comenzó a posarse sobre la provincia, el Ejecutivo hubiera utilizado el tiempo para explicar e informar a los mendocinos qué se pretendía hacer con los dividendos que podría dejar la actividad minera y, por sobre todo, cómo controlar una actividad que siempre ha estado bajo la lupa, muchas veces con razón, por cómo han actuado el Estado por un lado, haciendo la vista gorda con el control y las mismas empresas que, al no verse controladas, han hecho y desecho a su gusto dejando un tendal de dramas, ambientales y sociales.

Nada de eso pasó y nunca se sabrá si se pudo emprender una campaña de ese tipo, porque el gobernador, con una ley votada en el sentido en el que quería y pretendía, abortó su plan maestro producto de aquellas encendidas manifestaciones antimineras que arrancaron en diciembre, se hicieron más visibles en enero y que terminaron por voltear un acuerdo político casi sin precedentes en la provincia detrás de un inicio de un cambio de la matriz productiva que pudo haber sido fundacional para una Mendoza que, claramente, requiere en muchos aspectos, como el económico, de giros de 180 grados.

En las entrevistas del fin de semana, en las que realizó el balance de su primer año al frente de la provincia, Suarez habla del freno a la minería, de cómo le impactaron las movilizaciones en su contra, de su sospecha de que se orquestó una campaña internacional para no permitir la minería en Mendoza; también habla de René Pérez, el líder de Calle 13, quien dijo que su hijo –que vive en Buenos Aires– se moriría envenenado por cianuro mientras que se acaba de mudar a Silicon Valley, en California, la meca del silicio, a una casa valuada en 6 millones de dólares, y de todas las presiones que recibió. Y en una de las entrevistas cuenta la anécdota de un parrillero a quien le compra el asado de los domingos y que siempre le recriminó ganar poco y pasar varias horas en un oficio no redituable. “La minería era para vos”, revela el gobernador, quien le respondió, ante las constantes quejas del hombre, a lo que este, sorprendido, quizás, reaccionó con otra queja, quizás más punzante: “Entonces, ¿por qué no lo explicaron?”.