Cuando Franco Núñez (27) empezó a trabajar en “Cristales Foneca NG”, hace 5 años, nunca se imaginó que quien lo estaba contratando en ese momento, le regaría su primer auto. Y es que si bien ambos se consideran amigos y habían compartido un trabajo anteriormente, esto lo tomó completamente por sorpresa.
El lunes 23 de noviembre, “Fati” como le dicen a Franco quienes lo conocen, recibió un llamado de Eduardo Fonseca (37) propietario de la cristalería, quien le dijo “venite con tu señora y los nenes”. La excusa, era comer unos sándwiches de miga. Pero una inesperada y emotiva sorpresa lo aguardaba en el taller.
Llega acompañado de su esposa, su hijo Mateo de 7 y Luz de 6. Ingresa al taller, aún con su ropa de trabajo y con total incredulidad y casi sin entender nada observa el auto. Sólo cuando Eduardo le dice que lea el cartel que le han colocado en el vidrio trasero del Duna blanco que dice “premio a la lealtad, compromiso, responsabilidad y al amor que le ponés a tu labor”, cae en la cuenta y las lágrimas se hacen presente. Se abrazan y le agradece a su jefe y amigo como se muestra en el video.
Eduardo Fonseca, justifica el gesto contando en un medio nacional que, “yo trabajo desde los trece años y, en los empleos por los que pasé jamás me reconocieron nada: nunca me pagaron las horas extras o me invitaron a comer un asado. Por eso, desde que monté mi empresa, me propuso hacer lo que no hicieron conmigo”. Agrega además, que, “prefiero que me llamen Edu”. Dejando entrever que el mote de jefe no le agrada.
Para él, más que un equipo de trabajo, él junto a sus empleados conforman una familia.

Historia de amigos
Es que Eduardo y Franco se conocen desde hace más de una década cuando, ambos comenzaron juntos a trabajar en una fábrica de aberturas de aluminio. Cuando años más tarde, Eduardo Fonseca logró iniciar su propia empresa y convocó a Franco para que se sumara el vínculo se terminó de afianzar.
A tal punto que “Faty”, cuenta Eduardo, “quería comprarse un auto hace tiempo y para eso venía ahorrando. Hace poco me pidió que lo acompañara a ver un Renault Doce Rojo que le habían ofrecido, pero estaba destruido. Así que le dije que me parecía una mala inversión y le sugerí que no lo comprara”.
Fue así que Fonseca se ilusionó con poder ayudar a su amigo a alcanzar su sueño. “Se lo di como una sorpresa, como un premio a los cinco años que lleva trabajados conmigo porque es cumplidor y le pone amor a lo que hace diariamente”, cuenta Fonseca en la entrevista.

Sol, arena y mar
“Todavía no conozco el mar. La idea era tener un coche para poder llevar a mis hijos a la playa. Ahora voy a poder lograrlo” cuenta ilusionado Franco. Y cierra con una frase que lo resume todo “Le voy a estar eternamente agradecido”.

Eduardo admite que nunca se imaginó la repercusión que este gesto tendría. “Me llamaron de todos lados, estoy muy emocionado. Aunque Faty diga que el regalo se lo hice yo, para mí es al revés. Su emoción me llenó el alma”.
