La investigación de los policías federales duró aproximadamente treinta días. A fines de setiembre trabajaron en una denuncia caliente que sostenía que una familia con base en un complejo conflictivo y de difícil acceso de Las Heras se dedicaba a la venta de drogas en pequeñas cantidades.
El sector identificado fue el barrio Independencia y apuntaba a un matrimonio mayor que hacía comercializar las dosis de cocaína y marihuana a una de sus nietas.
Desde un principio supieron que estaban ante un caso de gravedad por quiénes eran los protagonistas, debido a que en el sector eran conocidos desde años por el narcomenudeo. Actuaban con total impunidad a pesar de que ya habían sido allanados con anterioridad.
Lo cierto es que, con orden judicial en la mano, los efectivos de la Brigada 3 y la UCI 2, con la colaboración de las demás divisiones de la Policía Federal de la Delegación Mendoza, irrumpieron el viernes por la tarde en el domicilio de calle Remedios de Escalada y secuestraron 1,300 kilogramos (un kilo y trescientos gramos) de cocaína, elementos de corte y fraccionamiento y 6.500 pesos que serían producto de la comercialización.
Una mujer conocida en la barriada como la “Boli” y un hombre al que le dicen “Negro”, ambos viviendo en esa propiedad, quedaron detenidos a disposición del juez federal Walter Bento por el delito de tenencia de estupefacientes con fines de comercialización.
Además, en la propiedad descubrieron que había una importante cantidad de aves autóctonas como siete cuchillos, tordos negros y músicos, chingolos, entre otros, cuya tenencia está prohibida por la Ley de Fauna.

Con nombre y apellido
En los primeros días de pesquisa, los policías federales iniciaron los trabajos de campo y confirmaron que estaban frente a la pareja conformada por Hugo Daniel Bazán, de 51 años (nacido el 8 de marzo de 1969) y su mujer, Verónica Elizabeth Henriquez, de 43 años (nacida el 21 de julio de 1977).
Ambos residían en la casa de calles Remedios de Escalada 2628 del distrito El Plumerillo y los identificaron como los responsables máximos de la venta de porros y ravioles de cocaína.
El “Boli” y el “Negro”, describieron fuentes de la investigación, comercializaban las dosis con total impunidad en la puerta de su domicilio y también en la calle, tal como registraron los detectives durante las recorridas.
Una situación que llamó la atención de los sabuesos fue que los vecinos conocían todos los movimientos de la pareja y actuaban con total normalidad ante la presencia de los compradores. Es más, algunos clientes adquirían la cocaína después del típico pase de mano y a los pocos metros la aspiraban.
No importaba si era de día o de noche, la venta al mejor estilo narcomenudeo y el consumo no pararon en los días de seguimiento.
Esa “complicidad” con los habitantes del sector quedó en evidencia cuando supieron que, en algunos casos, los propios vecinos avisaban a Boli y al Negro de la presencia de vehículos sospechosos en la barriada o gente observándolos.

Ante esto, los trabajos en la barriada fueron con total hermetismo para no despertar las sospechas de los personajes que merodeaban por el sector.
En uno de los días, los policías federaes captaron que la nieta de la pareja, menor de edad, también participaba en la venta. Una vez reunidas todas las pruebas, decidieron allanar el domicilio y sorprender a los sospechosos. Los dos terminaron reducidos.
Tras la detención, la Boli Henriquez dijo que había perdido masa encefálica y que tenía problemas de movilidad en brazos y piernas.
Durante la medida, personal de la UMAR de la Policía de Mendoza tuvo que colaborar con los federales porque los vecinos, señalados como colaboradores, comenzaron a arrojar piedras botellas y hasta una bomba molotov contra los efectivos.

