La diversión, en una instancia y edad tan trascendental como la adolescencia en el paso hacia la juventud, no puede ni debe ser sinónimo de alcohol y menos de excesos.
Por eso, es fundamental la contención familiar y la reflexión profunda en la mesa del hogar para transitar otros caminos superadores, ligados a la autoestima y el sacrificio, a pesar de la adversidad cotidiana.
También es necesario que desde el propio Estado se propicien jornadas de análisis y debate en las aulas, sobre todo vinculadas al consumo problemático y los riesgos a los cuales los jóvenes quedan expuestos. No es un tema menor; es hacerse cargo de las grandes amenazas con una visión integral y propositiva.
Sin dudas, en la Argentina “asfixiada” hace falta mirar estas problemáticas a los ojos y dar la pelea, de la mano de mayor contención y diálogo. Así se habrá dado un paso clave que reportará resultados alentadores.
Más contención y reflexión
