La historia de Luciano, el nene que usó lo poco que tenía a mano para hacer una tarea que le había dado su maestra, conmueve en medio del contexto de la pandemia, pero deja ver una realidad que va más allá de la cuarentena y que puede llegar a complicarse más si no se toman las medidas necesarias para que la crisis económica no se agrave.
Así como Luciano, hay miles de chicos en Argentina que aplican el ingenio para no rendirse. Que apelan a los recursos disponibles para crecer, proyectarse y creer que es posible salir adelante gracias al esfuerzo.
La riqueza de su experiencia radica en la decisión que tuvo para cumplir con lo que le habían pedido. Ese es el valor agregado. Hizo méritos. Y, cuando muchos intentan nivelar para abajo, demostrar que todo es lo mismo y esperar que la ayuda llegue por arte de magia, demostró que la vida también está hecha de merecimientos. Justamente, merece un futuro mejor.
