Desde el inicio de los tiempos, el títere está junto al hombre, se dice que “nació en el primer amanecer, cuando el primer hombre vio por primera vez su propia sombra y descubrió que era él y al mismo tiempo no era él”.
Su aporte visual es tan importante que su participación en las diferentes Vendimias constituye un recuerdo imborrable. El tractor amarillo, los paisanos jugando al truco y los caballos de la “Vendimia del Bicentenario”, fueron algunas de las puestas mejores logradas.
El 7 de marzo, los muñecos gigantes vuelven a apoderarse del Frank Romero Day, más de 15 títeres, algunos de hasta 5 metros de alto, cumplirán un rol simbólico como parábola de la vida y de la armonía entre los primeros habitantes del desierto y la naturaleza.
“Wally” Sánchez, asistente de dirección de actores, encargado de títeres gigantes, nos cuenta sobre el trabajo de los 30 titiriteros que tendrán la difícil tarea de materializar a través del gesto, del movimiento y la acción lo intangible.
– ¿Cómo surge la idea de incorporar títeres en esta Vendimia?
– La decisión de tener títeres fue tomada exclusivamente por el equipo de “Postales”. Venían con la idea de incorporar títeres gigantes y nos convocaron a nosotros, el equipo satélite, bajo el mando de Hugo Yáñez, el director de actores.

– ¿Cuál es su aporte dentro de la puesta en escena?
– A nivel visual, si los comparamos con la magnitud del escenario, llenan el espacio. El tamaño de estos títeres es muy impactante para el público, no se ve normalmente un muñeco de de 3 ó cuatro metros de altura y más grandioso resulta, aún, si no son un mero decorado y están en acción, interviniendo en la escena.
– Por el sólo hecho de estar en el escenario ofrecen color y el cuadro se vuelve lúdico, quizás sea porque uno los relaciona con el teatro infantil…
– Estamos acostumbrados a que haya una cultura de que el títere y el payaso tienen que ser para niños pero, también pueden ser para adultos. Lo que sucede generalmente en Vendimia es que no hay espacio ni tiempo de ensayo para desarrollarlos escénicamente, el actor sólo aprende a moverlos y a animarlos, pero no intervienen en la acción realmente, con una escena propia de títeres.
Entonces, entran los títeres a jugar. Salvo en la vendimia del 2001 con los paisanos y su truco, allí hubo una acción y fueron bien manejado por los titiriteros. Los caballos del 2010 fueron una buena puesta, pero eran difíciles de manipular porque eran enormes y un poco pesados. Ambos espectáculos fueron dirigidos por Vilma Rúpolo.
– Entonces, la elección de incorporar títeres no es fácil, pueden llegar a ser un problema.
– Sí, no es fácil pero si lo solucionás te aportan un montón. Hay simbolismo en muchos títeres; con un paisano de caracter costumbrista no hay mucho que entender más que lo obvio, pero si ponés un pez u otro animal autóctono la puesta se carga de connotaciones.

– ¿Qué buscan representar, entonces, con el uso de los muñecos? Ya se sabe que habrá un pez gigante y que la manipulación será al estilo de los dragones chinos.
– Anteriormente, en la escena de los pueblos originarios, hemos podido ver a los indígenas cazando. En esta Vendimia se demuestra una relación más armónica con la naturaleza. No hay escena violentas. Los peces simbolizan el agua y la vitalidad que adquiere en el desierto.
El efecto será como el de los dragones chinos, aunque el diseño es otro, los títeres chinos tienen como un estandarte y se mueven a través de una varilla. En nuestro caso, cuatro titiriteros van a ir adentro, ocultos.
– Dentro del casting se buscó a 30 actores especializados; además de manipular títeres gigantes, ¿qué otro rol tendrán los titiriteros y cómo se preparan para la fiesta?
– Las Postales más fuertes de títeres son la cuatro (La noche de los Tiempos) y la nueve (Fiestas de verano), aunque los titiriteros estarán presentes en otras escenas sin animar objetos. Empezamos la primer semana con una nivelación, haciendo ejercicios para que se conozcan grupalmente, los actores deben estar comunicados y tener una energía similar, si no se ve en desarmonía la animación. Una pierna va más rápida que la otra, tiene tics el muñeco…
Los actores tenemos una herramienta que es el sí mágico o el cómo sí de los niños. Dicen que conservamos el niño interior, jugamos con el títere como si fuera un juguete imaginamos que está en la selva, en la playa.. tomamos lo inmaterial y lo materializamos a través del gesto, del movimiento y la acción. Por supuesto que a veces necesitamos la materialidad.
– ¿Cómo están trabajando con esa falta de materialidad?
– Para evitar problemas tratamos de realizar una gestión rápida, desde la producción se trató de aprovechar el tiempo previo para gestionar y acelerar procesos. Como la utilería mayor y menor está en proceso de armado, estamos trabajando con prototipos a partir de los diseños que tenemos, por eso, con el equipo de actores construímos el esqueleto de nuestros propios títeres con materiales reciclados para poder ir practicando.
Al titiritero le gusta construir su propio títere, no los compra, los fabrica y los anima. Cuando un títere tiene una falla decimos, “nació así”, y utilizamos esa “discapacidad” en escena, resignificándola.

– Por todo esto, dicen que los titiriteros son un “espécimen” aparte…
– El actor trabaja con distintos grupos, en cambio, el titiritero trabaja solo, llevando su retablo. Aunque, también hay compañía de titiriteros. Tienen otra visión de las cosas, pueden estar solos, manejando sus títeres; algunos tienen un elenco estable con los mismos muñecos y le cambian la ropita de acuerdo a la obra.
Prefieren trabajar solos porque los títeres no comen, no pelean entre ellos…(risas). En vendimia hay titiriteros con años de oficio, que incluso tuvieron a sus padres en el circo como el “Negro” Cáceres; también tenemos a Gaby Céspedes, a Antonio Maslup, Silvina Falco, a Javier “Grillo” Lagrenade, a Beto Di Césare que sabe tocar el acordeón, otros andan en zancos o hacen malabares.
– Este mismo equipo trabajó en la Vendimia 2014 incorporando el teatro de sombras, ¿cómo fue la experiencia?
– El equipo de sombras estuvo dirigido por Longo y su compañía Pájaro Negro, yo era su asistente. Él logró que este tipo de teatro estuviera en Vendimia, con lo difícil que es que se acepten propuestas nuevas. También se pudo hacer gracias a Guille García que era el director de actores.
Tuvimos muchos contratiempos técnicos pero salió un trabajo muy bueno. Longo se las ingenió con lo poco que había y con mucha inteligencia. Además, tuvimos la posibilidad de sacar este trabajo de la Vendimia y repetirlo en el Le Parc.

– Hay actores que se resisten a hacer Vendimia porque su participación es limitada…
– Estoy de acuerdo con los actores que se resisten, muchas veces yo he pensado así también. Pero, hay que concebir a Vendimia, más allá de quererla o no, como una fuente de trabajo para el actor, para el bailarín, para los escenógrafos, realizadores… Hay que mejorar e ir ganando nuevos espacios con la participación de todos y trabajar con dignidad para realizar algo artístico.
– Toda esa multitud que los vio en Vendimia luego no se las ve en las salas teatrales ¿Cómo ves la realidad del teatro local?
– La gente va al teatro cuando encuentra algo interesante que los alimente espiritualmente, me refiero al espíritu existencialista. En Vendimia la gente nos tiene a todos juntos y si ve un trabajo digno, va a tener muchas más ganas de ir al teatro, y ahí, tenemos otra función, que es la de formar espectadores, lo mismo que hacemos durante el año con las escuelas como profesores de teatro en escuelas primeras y secundarias. Formamos espectadores “predicando el teatro”. Hay que crear la necesidad de ver teatro.
