“Los hermanos sean unidos porque ésa es la ley primera. Tengan unión verdadera en cualquier tiempo que sea, porque si entre ellos se pelean, los devoran los de afuera”, reza un pasaje del Martín Fierro, la tradicional obra del poeta gaucho José Hernández.

Al parecer, esto fue entendido a la perfección por los hermanos Sosa Meza (26), buscados por estar señalados de cometer por dos asesinatos.

Eduardo, el mayor, fue marcado como autor del crimen de Diego Carlos Quispe Ríos (36), ultimado de un disparo en el pecho a mediados de noviembre del pasado año en el barrio Cocucci de Guaymallén.

Mientras, el menor, Maximiliano Luis, alias Gulita, es sospechoso de matar a puñaladas a su padrastro, Marcos Darío Fernández Torres (40), apodado el Tucumano, en un episodio ocurrido el 1 de abril en el barrio Congreso, también del citado departamento.

Pesquisas que están tras sus pasos creen que ambos se mantienen juntos en la clandestinidad. Aparentemente, hace poco más de un mes, cuando el Gulita comenzó a ser buscado tras el homicidio de la pareja de su madre, recurrió a su hermano, quien para ese entonces ya llevaba casi cinco meses prófugo, indicaron fuentes investigativas.

En los últimos días, el trabajo de campo de los pesquisas de Homicidios permitió llegar al dato de que los hermanos Sosa Meza habían pisado nuevamente la barriada donde solían vivir e iban a estar ocultos allí durante algunos días, por lo que se planificó realizar una serie de allanamientos en los domicilios a los que, probablemente, Eduardo y el Gulita podían utilizar como guarida.

Con la anuencia de la Justicia de Garantías, se dispuso hacer las medidas la mañana del jueves 10, sólo por el expediente de Fernández, que está a cargo de la fiscal de Homicidios Claudia Ríos (la causa de Quispe la lidera su par Carlos Torres).

Dos se realizaron en el domicilio de la manzana F del Congreso y el restante en una propiedad de la manzana C del barrio Kilómetro 11. Pero, pese al optimismo que existía entre los detectives de dar con una doble captura, en ninguna de las casas había rastros de los Sosa Meza.

Esta no es la primera vez que los hermanos quebrantan la ley juntos, que cuentan con pasado carcelario. Ambos están sindicados como integrantes de Los Riquelme (el apellido de su madre), una gavilla familiar delictiva con base en ese sector guaymallino.

De acuerdo con pesquisas de la zona, la banda está conformada por los Sosa Meza junto con sus primos y allegados. Incluso, el Gulita fue a juicio por un robo con un familiar en agosto del año pasado y recuperó la libertad dos semanas antes del homicidio de su padrastro.

Pero, además, las coincidencias también llevan “de la mano” a Eduardo y el Gulita. Es que las víctimas de los crímenes por los que son buscados habían sido investigados por diferentes asesinatos y fueron matados poco tiempo después de salir de la cárcel.

Quispe había estado tras las rejas hasta mediados del pasado año debido a que estaba purgando una condena por homicidio agravado por el uso de arma de fuego, y también fue marcado por un homicidio criminis causa, es decir, en el marco de un asalto, pero finalmente quedó desvinculado de esa causa, revelaron las fuentes consultadas.

Asimismo, el Tucumano fue detenido el 28 de diciembre del 2016, sospechado de matar de dos disparos a Marcos Daniel Ontiveros (32) la primavera de ese mismo año, en el barrio Sueños Cumplidos de Guaymallén. Pero, cuando la causa fue a juicio oral y público, a principios de noviembre del 2017, los integrantes de la Cuarta Cámara del Crimen absolvieron a Fernández.

Los hechos que les atribuyen

Eduardo Sosa Meza quedó como principal sospechoso del crimen de Diego Quispe, ocurrido pasadas las 16 del lunes 20 de noviembre del pasado año. La víctima circulaba con su pareja en moto por el barrio Cocucci cuando fue atacada.

En ese momento, dos sujetos que también iban en una moto roja los abordaron y le dispararon en el pecho. Quispe fue trasladado al Hospital Central donde, tras ser intervenido, quedó alojado allí hasta que el sábado 25 dejó de existir.

En tanto, cuando su mujer declaró, dijo que el ataque a su marido había ocurrido durante un asalto, ya que se llevaron el rodado menor en el que se movilizaban. Días después, la investigación permitió llegar al nombre de Sosa Meza.

Por su parte, el Tucumano fue ultimado la mañana del 1 de abril. Ese día había regresado de un festejo familiar y se quedó en la casa de su pareja, en la manzana C del Congreso, consumiendo bebidas alcohólicas junto a su hijastro –Gulita– y otros sujetos.

Pero, en un momento, el hombre salió a la vereda y, cuando su mujer salió a buscarlo, lo encontró tendido en el piso y ensangrentado.

Luego, fue trasladado al Central debido a que había recibido dos puñaladas en el pecho y otras dos en el cuello. Pero el esfuerzo de los médicos no alcanzó y pereció pasadas las 14 de ese día. Desde un primer momento, su hijastro fue señalado como el autor de la brutal agresión.