Diego Mosca tenía 42 años años. Era padre de una niña y conocido y querido en el ambiente futbolístico porque se había desempeñado en diversos clubes locales como Palmira, Luján, Murialdo, Maipú y Villa Atuel, en el Sur provincial.

La vida de este deportista retirado comenzó a apagarse el domingo 22 de noviembre por la noche cuando fue abordado por un sujeto con fines de robo a metros del cruce de Rioja y Brasil, en Capital.

Mosca, quien vivía con sus padres en Luján, ofreció resistencia y terminó recibiendo dos balazos. Durante la madrugada del lunes, murió en el Hospital Central por la gravedad de la lesiones.

La Justicia, a través de la fiscal de Homicidios Andrea Lazo, ordenó la captura de un motochorro con pasado carcelario llamado Roberto Francisco Cataldo Ortiz, conocido como el “Cata”.

Tres días después del hecho, el miércoles 25, efectivos de Investigaciones lo detuvieron en la casa que usurpaba en Guaymallén y lo dejaron a disposición judicial.

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Este martes por la tarde, la situación procesal de Cataldo Ortiz se complicó cuando la jueza Mirna Montaldi, del Juzgado Penal Colegiado Nº2, le dictó la prisión preventiva.

La magistrada analizó las pruebas presentadas por Lazo y entendió que el sospechoso debe continuar tras las rejas de una cárcel por homicidio criminis causa, es decir, matar para lograr la impunidad de otro hecho, en este caso el robo.

De continuar con esta calificación en su contra y llegar a debate –será por jurado si continúa el normal desarrollo del proceso– la única pena posible si es hallado culpable será la de prisión perpetua.

Lazo sostuvo el pedido para que se dicte la medida cautelar que afecta la libertad basándose en una serie de pruebas contundentes: se encontró su perfil genético en un barbijo y una gorra levantadas en la escena del crimen y lo identificaron en cámaras de seguridad de la zona.

Las imágenes que registraron los aparatos sirvieron para confirmar que Mosca caminaba minutos antes de las 22 hacia el sur por calle Rioja cuando fue abordado por un malviviente que ya lo había marcado.

La víctima tenía el celular en la mano antes de llegar a la parada de colectivos ubicada en la esquina y esto se transformó en el objetivo del asaltante, quien se movilizaba armado hacia la casa donde pasaba sus días, ubicada sobre calle Guillermo Molina de Dorrego y a pocos metros del teatro del hecho, cruzando la Costanera hacia el este.

Sacó la pistola que portaba entre sus ropas (una 9 milímetros) y abordó a la víctima. La secuencia duró unos pocos segundos: Mosca ofreció resistencia en una pelea cuerpo a cuerpo y el “Cata”, sostiene la instrucción de Lazo, disparó dos veces contra su humanidad. Los plomos impactaron en la zona del tórax.

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En el lugar quedaron los barbijos de Mosca y el “Cata” y también una gorra de este último. Con estos elementos del matador, Policía Científica realizó un trabajo de levantamiento de pruebas que sirvió para que el Laboratorio de Huellas Genéticas confirmara que se trataba de Cataldo, de quien se tenía su ADN gracias a su pasado carcelario y las muestras que le toman a todos los internos que por allí pasan.

A su vez, los detectives de Delitos Tecnológicos también aportaron su trabajo al analizar los registros de las cámaras de seguridad cercanas al lugar donde se produjo el asalto fatal, las que sirvieron para conocer el recorrido que realizó el delincuente.

El “Cata” Cataldo nació el 25 de mayo de 1976 y no es la primera causa que le inician en su contra.

Era conocido en el ambiente del hampa por su pasado motochorro –lo condenaron por atacar con otro malviviente a una pareja y robarle dinero en una salidera bancaria en el 2010– y también fue detenido por el asesinato de un barrabrava del Club Guaymallén a fines del 2012.

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Por ese hecho de sangre terminó zafando pero su vida delictiva no terminó allí. Tanto es así que volvió a prisión por otros delitos y recién el 2015 recuperó la libertad.

En los últimos tiempos, comenzaron fuentes policiales a El Sol, se dedicaba a usurpar casas. Tenía más de 10 domicilios y se refugiaba con su mujer y dos hijos en la casa de Dorrego.