La decena de casos contagiados de coronavirus que surgió, sorprendiendo a todos, el último fin de semana, trasladó la atención de la pandemia en Mendoza hacia Las Heras, el foco de los hechos y, a la vez, le puso un freno a la desescalada provincial –usando un término de moda en España que vuelve de a poco a la normalidad–, que se venía dando despaciosamente en Mendoza, pero a un ritmo sostenido, hay que destacar, y que le iba tomando el pulso victorioso, sin estridencias, al combate de la enfermedad en la provincia.

Más allá del comportamiento llamativo e inesperado del grupo de personas que violó la cuarentena para festejar un cumpleaños familiar al que acudieron más de veinte miembros y de que aún está bajo investigación el nexo que enfermó y contagió a los nuevos casos, toda una situación en manos del comité de expertos de la provincia que tiene que trabajar a destajo para alcanzar buenos resultados y en breve tiempo de la pesquisa, el combate contra la pese en Las Heras también tiene connotaciones políticas cada vez más visibles e inocultables. Están interviniendo personalidades vanidosas, algunas mezquindades, desconfianzas entre los actores y desde ya que una carrera lanzada por objetivos político-electorales que aparecen no sólo lejanos, sino que extemporáneos para los problemas que presenta la realidad del momento. A la cuarentena angustiante por la falta de actividad y de perspectivas alentadoras se le ha sumado descoordinación política en la lucha contra la pandemia, con sobreactuaciones y berrinches no sólo inesperados, también incomprensibles.

Tanto en Las Heras como en la Gobernación el fastidio y el enojo por la actuación de cada uno de ellos desde que se conocieron los casos eran mutuos. En el gobierno de Suarez desconfían del intendente Daniel Orozco y de sus fines; Orozco, por su lado, se queja de la falta de atención y de una suerte de ninguneo del que es víctima, según aseguran alrededor del cacique radical. A la mala noticia de la reaparición de los contagios cuando Mendoza se encaminaba a los diez días de racha positiva, en la Gobernación saltó la térmica con el intendente el sábado cuando Orozco, por su cuenta aducen y sin información precisa, lanzó una serie de teorías dudosas sobre el origen del contagio. Y ese mismo sábado, el gobierno de Suarez dispuso nuevas medidas de control y de seguimiento del tránsito de los camioneros por la ruta internacional, ordenando test de Covid-19 para los choferes y un protocolo específico que sorprendió a todos porque se trataba de medidas de prevención que debieron haberse puesto en vigencia mucho antes. Pero sin entrar en detalles sobre ese aspecto, en Las Heras sostienen que la provincia nunca los hizo parte de lo que tramaba y que, además, tampoco informó de las nuevas disposiciones al sindicato de choferes el que, el lunes y de forma oficial y presencial, le puso las quejas al intendente de cómo se estaban tomando medidas que los involucraba directamente sin que ellos pudiesen al menos emitir alguna opinión.

Ese mismo lunes, el gobernador encabezaba una reunión de gabinete y al mediodía la conferencia de prensa con buena parte de sus funcionarios de la primera línea en la que se anunciaban las nuevas medidas para contener la posible circulación del virus con el tránsito de los camiones. Orozco vio todo aquello por televisión, mientras esperaba en vano que lo llamaran para ser parte de las reuniones que tenían la finalidad de contener una posible crisis.

En Las Heras las quejas, cada vez más fuertes, apuntan a que están solos en el control y que nadie se ha hecho presente para buscar en armonía una estrategia en común. Orozco se ocupó de visitar en persona un par de grandes y conocidos comercios de su departamento, un supermercado y una estación de servicio de GNC, en los que el miedo y la preocupación se hicieron presentes luego de que se conociera que algunos de sus empleados participaran de la fiesta de cumpleaños en el barrio Espejo. Los gerentes de los comercios le pedían al intendente cómo actuar y cómo seguir y se quejaban de la ausencia de personal técnico de la provincia en la zona.

Mientras en la Casa de Gobierno el comité de epidemiólogos de confianza de Suarez y un par de ministros seguían manteniendo reuniones alrededor del contagio múltiple en el departamento más importante del norte provincial, el intendente se ocupaba de tomar contacto con el jefe comunal de San Martín, Raúl Rufeil y con el vicegobernador Mario Abed. En principio, el tenor de ambas charlas se circunscribió a las derivaciones políticas por las diferencias de criterio y de abordaje en el accionar entre la provincia y Las Heras que habría compartido Orozco con Rufeil y Abed. Y fue allí en estos dimes y diretes en donde surgió con algún tono quejoso que la gobernación había descartado, aparentemente sin una explicación convincente, la instalación de un parador para camiones que Rufeil había propuesto habilitar sobre la ruta 7, con baños químicos y servicios varios para los choferes y evitar así que anduviesen deambulando sin control.

En el cuarto piso del palacio de gobierno prefieren ignorar las desavenencias y no darle aire a las desconfianzas mutuas que se dispensan, tanto el entorno de Suarez como el del intendente. Pero allí nadie olvida la puesta en escena del intendente cuando, en los comienzos de la pandemia, difundía fotos y videos que se hacían virales de decenas de camas para alojar enfermos en el Polimeni sin antes advertirles de la movida.

En fin, delicias de la política que en época de pandemia se exacerban y se hacen más notables.