Ese 18 de noviembre de 1967, en Rivadavia, exactamente 30 años antes (en 1937) había nacido Gladys, y a la misma ahora estaba dándole luz a uno de sus cuatro hijos. La casualidad los hacía coincidir de ahí en más en el festejo del cumpleaños de madre e hijo.  

Había llegado Ciro en nuevo integrante de la familia de Francisco Ciro Vargas y Gladys Teresa Magnaldi.  

El chico alto se destacaba en la escuela primaria Bernardino Rivadavia jugando al básquetbol entre los más chiquitos de la ciudad hasta los 13 años. Entró al colegio secundario Técnico de Junín y se encendió la llama del fútbol en el Centro Deportivo Rivadavia. 

Como todo pibe sus sueños lo trasladaban a querer hacer goles, como sus ídolos que veía en revistas o los posters, que adornaban las paredes de su habitación.  

Fue creciendo y con edad de juvenil el entrenador le dio oportunidad para entrenarse con la primera división que militaba en la Liga Mendocina de Fútbol. Y recuerda Ciro: el querido, legendario y visionario Prof. Leopoldo Brozovich me subió a Primera división, junto a grandísimos jugadores como Ariel Moyano, Panza Martínez, Antonio Payero, Macho Abba y todas esas figuras que le dieron brillo a los Naranjas”. 

Pero comenzó una etapa más comprometida: ”Porque terminado el secundario mi padre me dijo ‘estudiá nada más y dejá el futbol’, cosa que no hice y comencé el IEF (Instituto de Educación Física) viajando todos los días en colectivo (1hora y media) hasta la ciudad de a Mendoza durante un año”.  

Un accidente inesperado 

Y sigue “Ese trajín me desgastó ya que tomaba el micro a las 5,30 de la mañana y volvía a las 15 para ir a entrenar, justo a fin de ese año jugando al voley playero en vacaciones, me desprendieron la retina de un golpe, sin mala intención, me operaron y tuve que hacer reposo durante un año (engordé 16 kg)”. 

La vida deportiva de Ciro Vargas iba a tomar otro rumbo. “Una vez recuperado intenté volver a jugar y fue realmente imposible, además del riesgo que significaba, así es que tomé la triste decisión de dejar el futbol”. Se desvanecieron los sueños de ser figura y llegar a un Mundial, pero la vida le depararía otras lindas experiencias. 

“Me enfoqué en el estudio y me vine a vivir a la Capital mendocina, donde trabajé y estudié a la vez porque mis padres no podían ayudarme con el alquiler y los gastos que significaban la vida en otro hogar. Mi primer departamento en donde alquilé fue en las conocidas Torres de San Juan y Siria dónde convivíamos 7 estudiantes de toda la provincia, cosa un tanto compleja a la hora de hacer de comer o limpiar. (se ríe acordándose de tantas anécdotas). “En total conviví con 32 estudiantes a lo largo de mi carrera estudiantil aquí y en Rosario”. Y se pone serio “agradezco y mucho, el haber transitado esas inolvidables experiencias ya que dejaron grandes enseñanzas para la vida”. 

Una vez recibido salí a buscar trabajo de Profesor de Educación Física, y el primer trabajo me lo dio en la Muni de Capital, el hoy Subsecretarío de Deportes de la provincia y compañero de trabajo, el querido Federico Chiapetta a quien siempre le estaré agradecido”. 

Rumbo a Rosario y después a Europa 

Sus pasos veían un futuro, más allá de impartir clases o entrenar equipos y cuenta Ciro que en el año 1994 fue a Rosario a hacer la Licenciatura en Deportología con el reconocido Dr. Juan Carlos Maza.  

Llegaría su primer viaje internacional porque “Estudiando en Rosario conocí a “mi socio de la actualidad, Enrique Antovero (oriundo de Cipolletti), y una vez finalizada la carrera nos fuimos a Madrid a hacer una Maestría en Ciencias del Deporte de Alto Rendimiento, la cual se abrió por primera vez a extranjeros sudamericanos, lo cual pudimos hacerla semipresencial”.  

Ciro iba abriéndose caminos. “Estando en Europa y gracias al querido y generoso Néstor Lentini, pude hacer 3 pasantías (en años distintos) en el prestigioso Laboratorio de Fisiología y Biomecánica del CONI (Comité olímpico Nacional Italiano) junto a científicos muy prestigiosos y reconocidos como Antonio Dalmonte (inventor del túnel del viento) y Marcelo Faina”.  

“A mí regreso definitivo a Mendoza, me casé en el año 2000 con mi queridísima esposa Silvia (Sanjuanina) y tengo 2 hermosos hijos (Facundo y Guadalupe, juegan al rugby y hockey respectivamente en Los Tordos)”.  

El match análisis 

Comenzó a trabajar en el “match análisis” que mide el rendimiento físico de los jugadores de fútbol durante un partido o entrenamiento con deportistas de alto rendimiento. Hizo experiencias con clubes mendocinos de la Primera B Nacional y después se expandió a equipos de profesionales de primera división. 

Así con su socio evaluaron a Boca, River, Vélez Sarsfield, San Lorenzo, Independiente, Estudiantes, Gimnasia, Racing, Huracán, Rosario Central, Colo Colo de Chile, Cerro Porteño de Paraguay, Selección de Paraguay, U. Católica de Ecuador, Godoy Cruz … Ayudaron en parte a que varios de esos equipos pudieran festejar campeonatos. 

Menciona a su compañera de vida Silvia: “A ella le estoy y estaré eternamente agradecido por haberme bancado tanto en mis largos viajes con diferentes equipos de Primera división y selecciones nacionales durante 20 años”.

Recuerda: “En Vélez Sarsfield trabajamos desde 2010 con Gareca, el Turu Flores, Santín y los profesores Bonillo y Colman, en donde realizamos el match análisis desde el aspecto físico. Ellos lo hacen desde lo técnico y lo táctico”.

Estas evaluaciones se hacen también en pretemporada para verificar el consumo de oxígeno directo. Y también en el test de campo se mide la capacidad de recuperación de cada jugador durante el partido.

Sus datos, como la distancia de recorrido de cada jugador durante un partido o los procesos de fatiga, son “ultrasecretos”.

Ellos miden lo que corre cada jugador y así pueden sacar conclusiones de algunos que corren menos, pero lo hacen siempre ocupando los espacios para beneficio del equipo, o de los que son más medidos y veloces, como Messi, que “corre en el momento justo”.

El sistema de medición para un partido consiste en cuatro cámaras de video con dos computadoras, que van cruzando datos y sacando información.

Ciro explica: “Nuestros datos ayudan para que tomen decisiones los técnicos. Podemos decir cuándo un jugador baja el rendimiento físico y está más agotado que otros, pero el cuerpo técnico decide”.

Con la selección uruguaya 

Y su experiencia más larga y notable surgió desde que la dupla Vargas-Antivero tomó contacto con el cuerpo técnico de la Selección de Uruguay – partir de la Copa América 2011- y dice orgulloso: “Cumplimos 10 años trabajando juntos al extraordinario e inspirador el Maestro Oscar Washington Tabárez y el profesor José Herrera”. 

Pasaron las Copas América de Argentina 2011 (campeón Uruguay), Chile 2015, EE.UU. 2016 y Brasil 2019 con Vargas trabajando para la selección de Uruguay y también fue requerido en los partidos de eliminatorias para Brasil 2014 y Rusia 2018. La Celeste se clasificó a ambas competiciones y ahí viajó Ciro. 

Pude dialogar con él en esos Mundiales y me decía “Esto es grandioso, es una experiencia en el más alto nivel y estoy agradecido a la vida por esta posibilidad, de trabajar con figuras como Luis Suárez, Godín, Cavani, y además de ver de cerca a los jugadores de las otras selecciones”. Acababa de perder el seleccionado uruguayo frente a Francia (que sería el campeón Mundial 2018) por los cuartos de finales 1-0 y pasaban por al lado Mbappé, Griezman, Umtiti, Pogba… por la zona mixta.  

Su trabajo consiste en bajar datos online durante el encuentro y pasarle el informe a Tabárez y sus colaboradores. El sistema de medición se hace con cuatro cámaras de video y dos computadoras que van cruzando datos y sacando información. Se sabe la distancia exacta de recorridos de cada hombre. Sirve, entre otras cosas, para verificar el consumo de oxígeno directo. Y se mide la capacidad de recuperación de cada jugador durante el partido.

Así este mendocino con dos Mundiales encima y varias Copa América se mueve continuamente y dirige dos Licenciaturas (Alto rendimiento y otra en Salud) en la reconocida Universidad del Aconcagua, desde hace15 años. Además, suma “porque estoy de asesor científico del profesor Ernesto Colman, preparador físico del Kili González, en Rosario Central, y siempre conectado cuando lo requieran de Uruguay. 

El chico rivadaviense se quedó sin sus sueños, como jugador de fútbol, desde aquel desprendimiento de retina y la vida lo premió por su constancia y amplitud de criterios. Su profesión lo metió en la alta competencia y tuvo “dos Mundiales”, desde otro lugar, aportando sus conocimientos y siendo parte de un equipo técnico. Ciro logró el objetivo que añoraba aquel juvenil de camiseta Naranja.