El guardapolvo fue símbolo de la educación pública en nuestro país durante un siglo. Fue pensado como universal y promotor de la integración social, aunque en la actualidad muchos padres prefieren que sus hijos asistan a la escuela con uniforme genérico.

Los vientos de cambios comenzaron a soplar en la secundaria hace un par de décadas con la utilización de camperas o rompevientos que identificaba los futuros egresados. Luego se fue ampliando a los cursos menores y así, muchos establecimientos educativos optaron por remera y pantalón de determinados colores para sus alumnos. Como es el caso de Bellas Artes (Ciudad) o la Capitán Vázquez, en Las Heras.

En diciembre del año pasado, algunas primarias informaron a los padres que a partir de este año los estudiantes podían concurrir a clase con remera y pantalón de determinados colores, sin necesidad de llevar guardapolvos. La medida parece caprichosa pero no lo es. Hay una resolución de la Dirección General de Escuela (DGE) que le da facultad a cada escuela siempre y cuando estén de acuerdo los padres de los niños.

La disposición que le da potestad a cada establecimiento es la 00136 del 8 de marzo del 2002 y fue dictada por “la necesidad de establecer pautas orientadoras respecto de las exigencias de útiles y vestimenta para los alumnos de Educación General Básica y Polimodal” en el marco de la crisis económica y social reinante en ese momento.

Así, fue como las autoridades de la DGE de aquel año señalaron en la resolución que debido a que Mendoza y su población atravesaban una delicada situación económica, no era obligatorio el uso de uniforme, de equipos de educación física y de otras prendas de tipo o marcas determinadas, como tampoco de útiles y elementos onerosos. Y sostenían que  la exigencia del guardapolvo quedaba supeditada a las posibilidades de cada familia.

Y es justamente a este dictamen al que muchas instituciones públicas hoy se atienen para “modernizar la vestimenta escolar”. Sin embargo, frente a esta postura, muchos educadores defienden el uso del delantal y sostienen que el uso de uniformes puede generar discriminación y exclusión.

El guardapolvo iguala a los niños en el ámbito de la escuela y en muchos lugares ha sido un símbolo de respeto hacia los docentes. Los maestros que hemos trabajado en zonas rurales podemos asegurar que el guardapolvo muchas veces nos ha salvado cuando se nos ha quedado el auto en la ruta o cuando hemos tenido que hacer dedo para llegar a dictar clases”, expresó Patricia Charamonte, directora de Nivel Primario.

La funcionaria explicó que las escuelas que cambian el delantal por un uniforme tienen que marcar ciertos parámetros para que todos los estudiantes vayan vestidos iguales y así no se produzca ningún caso de discriminación. Además, señaló que las autoridades de una escuela deben contar con el consentimiento de los padres para implementar esta medida.

“En las escuelas públicas no está reglamentado el uso del uniforme pero mediante la resolución 00136 se puede sugerir esta alternativa. Lo que no pueden hacer es obligar a un estudiantes que va con guardapolvo a comprarse un uniforme”, aclaró Charamonte y señaló que no tiene estadísticas de las escuelas que han decidido cambiar la vestimenta: “No es obligatorio que nos pidan permiso, hay algunas que si lo han hecho y este caso les recordamos que no se puede exigir un uniforme costoso ni lucrar con el mismo”.

La directora de Nivel primario señaló que desde la DGE se les exige a los docentes que sean criteriosos y austeros a la hora de pedir materiales, libros y vestimenta y que tengan siempre presente que lo esencial es que el niño y adolescente asista a clase.

Por su lado, la opinión de algunos padres es dispar aunque no ven la medida como descabellada. “Mi hijo va a la escuela Bombal de Ciudad. El día de inscripción, la maestra nos comunicó verbalmente que estaba tomada la decisión de que los alumnos no asistan este año con guardapolvo, pero que en febrero debíamos llamar para ver qué tipo de vestimenta se iba a solicitar. Aunque la docentes nos dijo que se estaban inclinando por remera y pantalón de gimnasia, pero que debían terminar de consultar”, dijo Elizabeth Quiroga, mamá de un alumno de quinto grado.

Para mí lo más práctico es el guardapolvo. Creo que es más económico que un uniforme y no es necesario lavarlo todos los días”, señaló Antonia Pérez, mamá de tres chicos en edad escolar.

Por su lado, Mónica Quiroga, quien es docente y tiene dos hijos en una escuela estatal afirmó que “los alumnos de las escuelas públicas quieren también cambiar la vieja tradición y vestir un poco más modernos. Si bien a nosotros nos trae un poco de nostalgia la idea de abandonar el guardapolvo, para ellos no tiene el mismo significado”.

 

El origen de las blancas palomitas

Eduardo Parise publicó la historia del guardapolvo en el diario Clarín y allí desmitificó que Domingo Sarmiento haya sido el impulsor del mismo: “Es que su actuación promoviendo aquello de ‘educar al soberano’ resultó importante a fines del siglo XIX, cuando el analfabetismo tenía cifras importantes y era fundamental que los chicos fueran a la escuela. Pero no fue él quien sugirió eso. Es más: la ley 1.420 disponiendo la educación laica, gratuita y obligatoria, que fue promulgada el 8 de julio de 1884, durante la primera presidencia de Julio Argentino Roca, prohibía el uso de uniformes escolares. Eso tuvo vigencia hasta 1919”, señaló en el artículo del diario porteño.

La aprobación oficial del guardapolvo se concretó el 1 de noviembre de 1919, en la primera presidencia de Hipólito Yrigoyen. “Claro que el debate para su aplicación llevaba un tiempo, porque desde julio de 1916 otro gran médico porteño, el doctor Genaro Giacobini (1889/1954), ya había pensado en el guardapolvo blanco. Giacobini, concejal y benefactor de los barrios del Sur de la Ciudad, había pedido que se otorgara una subvención mensual para el Consejo Escolar 19 (Parque Patricios y Pompeya) destinada a alimentos, útiles y ropa para los escolares. Y ahí mencionaba el guardapolvo”, contó Parise.

El tema se trató en 1917 en el Consejo Nacional de Educación y en 1919 se aprobó la recomendación de usar guardapolvo blanco considerándolo “uniforme característico del traje escolar”.