Raúl Crosetta es mendocino pero lleva dos décadas viviendo junto a su familia en Italia, uno de los países más azotados por la pandemia de coronavirus. Actualmente está en cuarentena junto a sus afectos, por lo que sale lo justo y necesario.
“Parece que es una cosa que no llega nunca y cuando querés acordar la tenés en tu casa y no te diste cuenta. Hay que quedarse en las casas”, recomendó.
Italia cuenta con más de 10 mil muertos y más de 70 mil contagiados por el coronavirus. Este transportista mendocino, de 60 años, vive en la ciudad de Pésaro junto a su madre (86) y su esposa (56). A pocos metros de su hogar habitan sus dos hijos, 33 y 29 años.
En su caso, la pandemia ya no es una cuestión de números de contagios que vio en los medios o enterarse de que algún conocido enfermó, sino que miembros de su círculo íntimo ya la padecieron.
Si bien no les realizaron los testeos por coronavirus -las pruebas no se hacen a todas las personas- el mendocino asegura que todos los miembros de su familia han tenido los síntomas.
“Estamos bien, hemos tenido el virus en forma más leve” explicó a El Sol. Y resaltó que “después de haber pasado dos o tres días con fiebre te queda que no sentís ningún sabor, olor y un gran cansancio”.

Con respecto a los casos leves, explicó que actualmente hacen consultas telefónicas con sus médicos de cabecera y que si presentan algún síntoma de gravedad, se comunican con un teléfono de emergencia y desde allí se analiza la situación y se los traslada, de ser necesario.
Cómo viven el aislamiento
“Al principio no le dieron la importancia que había que darle”, explicó con respecto a la cuarentena. Según contó, en cuestión de días notaron que el Covid-19 “saltó de una provincia a la otra”.
“Cuando empezaron a cerrar las fábricas y las universidades en el norte, muchos trabajadores y estudiantes aprovecharon para volver a la casa de sus padres”, dijo.
“Los suegros de mi hijo estuvieron en un cumpleaños, eran siete familias. Ahí se contagió el matrimonio, la nona, el hermano de mi suegro y su familia. Todos estuvieron un par de días con fiebre hasta que se normalizaron y tomaron un analgésico, pero al papá de mi nuera tuvieron que intubarlo”, relató.
Si una persona incumple con el aislamiento se les aplica una multa y, en algunos casos, si ha sido positiva, pueden iniciarles una causa penal. “Atentan contra la seguridad de todos”, sostuvo Crosetta.
“Vas al supermercado o almacén que te corresponde, el que está cerca de tu casa, no a uno que está más lejos porque tiene buenas ofertas, eso no es válido. La policía te frena y si decís que vas a trabajar, te puede seguir”, relató.
Entre los cuidados que llevan adelante en la vida diaria destacó la higiene, ventilar el hogar, limpiarle las patitas a las mascotas cuando salen a pasear y colocar una rejilla con lavandina en la puerta de casa para las suelas del calzado.
“A lo mejor exageramos un poco. La gente ahora está tomando conciencia. Cuando aparecieron los primeros casos era como si nada, pero cuando empezás a sentir que no hay lugar en las terapias intensivas, en los hospitales, la cosa cambia. Tenemos miedo”, enfatizó.
En cuanto a las relaciones con amigos o familiares durante el aislamiento el mendocino contó: “Nos sentimos por teléfono. Es difícil acostumbrarse. Un vecino, italiano, que vivió 33 años en Buenos Aires está toda la familia contagiada. La gente que nos ayudó cuando volvimos a Italia está enferma y no podés ir a verlos. Es difícil”.
“A mis amigos en Mendoza les digo: parece que es una cosa que no llega nunca y cuando querés acordar la tenés en tu casa y no te diste cuenta. Hay que quedarse en las casas, lavarse las manos, usar el alcohol, sobre todos los jóvenes sin síntomas, no tienen nada y son los que infectan sin querer a los abuelos y a los padres porque no la piensan”, reflexionó Crosetta.
El hombre dijo desconocer la cantidad de muertes en el país europeo porque apagan el televisor y ya “no nos da ganas de sentirlo. Vemos el camión del ejército que saca los cuerpos y se los llevan. Sale un día el padre, un par de días después la madre y no los ves más. Están llenos los crematorios porque es obligación cremar a las personas que fallecieron por coronavirus”.
Trabajar durante la pandemia
Este mendocino se dedica al transporte de cargas. Hasta hace menos de una semana continuaba viajando, trasladando la mercadería con su camión hasta Módena, ubicada al norte, a unos 200 kilómetros de su ciudad.
“Se veían muy pocos coches en la ruta y más camiones de lo normal”, contó. Y agregó que las ciudades que atravesaba durante su ruta albergan a muchas industrias, pero “no veías moverse a nadie”.

Entre las preocupaciones de las personas de la zona, Crosetta dijo que lo económico es un tema recurrente. “Las pizzerías, restaurantes, bares están todos cerrados y recién volverán a abrir cuando pase todo esto. No sabemos quién quedará en pie y cómo van a afrontar los alquileres, gastos e impuestos, cómo los va a ayudar el gobierno”.
“Acá algunos te dicen: ‘Si no me mata el coronavirus, me mata el hambre’”, reflexionó y agregó: “Todas esas personas están muy preocupadas, pero no es el momento de pensar en eso ahora sino en que quedemos vivos”.
Si bien reconoció no haber vivido durante la época de la guerra en Italia resaltó que las personas “la comparan todo el tiempo, que lo que se ve ahora es, en cierta medida, similar a lo que pasaba en ese entonces”, concluyó.
