Si uno se fijara solamente en las publicidades de dentífricos, gaseosas, cervezas y automóviles, sacaría esta conclusión ¡Qué tipo más simpático es el ser humano, siempre está sonriendo! Pero, ¿realmente es así? Ni por las tapas. Mire y vea. Hay gente inteligente y muy profesional a la que se le da por realizar estudios sobre cuestiones no muy atractivas, por ejemplo: la incidencia del agua en la navegación, la cantidad de hombres con traje que tienen una papa en la media, el porcentaje de agujeros que tiene una piedra pómez, las veces que un violinista mueve el arco en las Cuatro Estaciones de Vivaldi.
La mayoría de los datos no sirve para un cuerno pero ahí está, a disposición de los que gustan de perder el tiempo en datos innecesarios. Son como algunos funcionarios, no sirven para nada pero ahí están. Pues bien, hace pocos días se publicó un estudio de científicos europeos que dice que, en promedio, una persona ríe quince veces por día. ¿Nada más que quince veces por día? Hagamos cuentas, supongamos que cada una de esas risas dure un minuto, lo que me parece una exageración, ni en los mejores tiempos del Negro Olmedo se lograba esa extensión, pero supongamos. De ser así, una persona ríe por día quince minutos. ¿Le parece mezquino? Bueno, tenga en cuenta que uno viene a este mundo preparado para la seriedad. Tenemos la conformación anatómica estructurada para ser serios.
Para ser serio no hay que hacer ningún esfuerzo: hay que poner cara de uno, nomás. Alguna vez en un libro leí que para producir una sonrisa había que movilizar treinta y seis músculos, cosa que demuestra, primero, que la sonrisa implica un esfuerzo, y segundo que hay libros que se ocupan de cualquier estupidez. Pero, al parecer, el dato es cierto. Si comparamos los momentos de alegría que hemos tenido en nuestra vida con los momentos de seriedad veríamos que los del equipo de la alegría pierden por goleada. Yo no sé que pensará el Creador al ver su obra, tal vez piense: “¿Yo inventé a esos cosos? ¿yo les regalé la vida para que sean tan poco agradecidos con la vida?”.
Y, mire, Creador, uno nace llorando y, bueno, después no encuentra motivos para salir de ese estado. Los humoristas hacemos lo que podemos pero no siempre tenemos éxito. Tal vez nos hayamos asustado de ese refrán que dice: El que ríe hoy llorará mañana. Porque no creo en el otro, el que dice: El que ríe último ríe mejor. En realidad, el que ríe último es un salame que no entendió el chiste. Quince veces por día, en promedio se ríe una persona durante cada uno de sus días. La alegría, más que un sustantivo parece un “minustantivo”. Al menos espero que una de esas quince veces, sea después de esta nota.Sería toda una satisfacción.
