Más allá de la sorpresa que generó por estas horas la reaparición de la vicepresidenta Cristina Fernández de Kirchner –con un llamado a un acuerdo para sortear la dura situación social y económica que enfrenta el país– y de las suspicacias que esto provoca, es un primer paso fundamental desde la política, que no puede soslayarse.

Así, es reconocer que hay una compleja realidad que subyace y que se deben buscar soluciones e instancias que se vienen postergando desde hace años y que merecen atención urgente de la dirigencia para intentar encontrar salidas superadoras al acuciante día a día de los argentinos.

En este sentido, entra en juego la importancia del diálogo, una acción que siempre se reclama pero que termina posponiéndose.

Por tal motivo, hace falta que desde las más altas esferas del poder tomen con fuerza la iniciativa y no quede en el discurso; que, de una vez por todas, se corran los fantasmas y que todos puedan sentarse a la mesa de discusión.

Por eso, aunque esta convocatoria propuesta por la vicepresidenta suene como un mensaje oportunista –tal vez porque los ojos están puestos en lo electoral, temiendo un escenario difícil para el año próximo– es fundamental que la palabra tome valor y encuentre verdadero sentido. De esta manera, es clave también dejar de lado las contradicciones y actuar en consecuencia.

Sin dudas, reconocer errores y problemas que tiene el país es el mejor síntoma y el primer escalón que debe subirse para empezar a pensar en un cambio.