Lorena Jiménez acaba de recibirse como profesora de Educación Inicial. Al igual que muchos mendocinos, debió hacer sacrificios para poder lograr su objetivo. Sin embargo, su historia fue compartida en las redes y se volvió viral. Su mensaje: “Si uno hace las cosas bien, se puede”.

Lorena vive en el barrio Aeroparque de Las Heras, es hija de bolivianos, es la menor de cinco hermanos, mamá soltera de una adolescente y acaba de cumplir 40 años. Hace 13 llegó a la puerta de la familia Laricchia, comenzó a trabajar con ellos como servicio doméstico y acompañando a las hijas del matrimonio. Esta semana logró su título de maestra.

“Me recibí y cumplí años, recibí doble regalo”, comentó a El Sol.

Su historia se volvió viral luego de que su empleador, Hugo Laricchia, la compartiera en Twitter. Allí hizo un repaso por la relación, a lo largo de más de una década, de su familia con la mujer.  Este es el hilo que emocionó a sus lectores. 

Comenzó a trabajar en casa “a prueba”, le dijimos, cuidando nuestras niñitas llevándolas al jardincito y haciendo tareas de limpieza

— Hugo Laricchia 🍷 (@elangelGmendo) November 29, 2019

“¿Por qué no puedo hacerlo yo?”

Lorena es tímida. De hecho y a pesar del esfuerzo de todos estos años, no le avisó a su familia que fue a rendir la tesis con la que se terminó recibiendo. Pero después de que su historia se hiciera conocida para miles de usuarios, accedió a contar los detalles a El Sol.

“Entré a trabajar hace trece años, cuando mi hijita tenía un año. Su nena más chiquita estaba haciendo la salita de cuatro. Hice el periodo de adaptación, me encargaba en la escuela y continué toda la primaria. Cuando mi hija empezó la escuela me hizo el clic: ‘¿por qué no puedo hacerlo yo? Siempre lo soñé’”, explicó Lorena

Ese fue el puntapié inicial, sumado a que también la animó el matrimonio Laricchia. “Al verlos a  ellos, a Hugo, a Mariana (Silvestri, defensora General del Ministerio Público de la Defensa y Pupilar), un ejemplo de mujer, la veía como trabajaba. Siempre me trataron como a uno más de la familia, estaba trabajando como servicio doméstico y no me arrepiento. Pero entonces, ¿por qué no estudiar, no cambiar esto? Así empezó todo”, relató la Seño.

que vernos criar a nuestras hijas y oírnos conversar y ver nuestra biblioteca la habían motivado. Le dijimos que contara con nosotros en lo que hiciera falta, en un par de años fuimos a su colación.

— Hugo Laricchia 🍷 (@elangelGmendo) November 29, 2019

En un principio se propuso terminar el secundario. Poco después comenzó con el profesorado de primaria, “pero no me convencía, mi nena era chiquita y no iba a poder dejarla mucho tiempo sola, más allá de que mi mamá me ayudaba y la cuidaba”, agregó.

“Después me sentía muy vacía. Me volví a anotar y arranqué inicial. Mi sueño era ser seño de jardín”, sostuvo entusiasmada.

En paralelo criaba una hija deliciosa. Poco a poco comenzó a aprobar materias, un bochazo doloroso que enseñó mucho y horas y días de sacrificio.

— Hugo Laricchia 🍷 (@elangelGmendo) November 29, 2019

Si bien contó con el apoyo de sus empleadores, las horas que requiere el trabajo, más la labor de mamá soltera y el estudio complicaron en más de una oportunidad a Lorena. Otro factor que casi la hace abandonar fue el económico.

“A veces no daba, me cansaba muchísimo, pero veía a mi hija -que ya está en segundo año del Magisterio- y tenía que seguir. Estamos las dos siempre unidas para todos lados, hace 14 años luchándolas solitas”, sostuvo.

Con el apoyo de sus empleadores, su familia y amigas, Lorena logró saltar todos los obstáculos. Sin darse cuenta ya estaba en tercer año y “con casi todas las materias sacadas”.

Aprovechó cada minuto de su tiempo, “era oro. Para mí cualquier hora era importante. Noches sin dormir, cansancio, sin vacaciones… pero hoy me siento feliz”, resaltó.

La semana pasada nos pidió cuatro días porque tenía un examen difícil, nos engañó, rindió su tesis y se recibió.

— Hugo Laricchia 🍷 (@elangelGmendo) November 29, 2019

Tras realizar sus cuatro meses de residencia -dos en jardín de infantes y los restantes en maternal- ya estaba casi lista para rendir su trabajo final. Lo preparó junto a una de sus colegas, pidió cuatro días en el trabajo para rendir una materia importante, pero sin decir que se trataba de la última, fue y encaró ese paso.

“No les quería decir que era la tesis. No los quería ilusionar”, agregó. 

Después de enfrentar a la mesa compuesta por seis profesores y de exponer su trabajo, una de las docentes salió con la libreta y le dio la buena noticia. 

“Salí y era una lloradera. La llamé a mi mamá, que no lo podía creer porque ellos tampoco sabían que era para recibirme. No sabía cómo decirles, la llamé a Mariana, ella llorando también, después le dije a Hugo”, contó.

“Hoy me siento completa”

A partir de ahí, los Laricchia organizaron el festejo. Este viernes por la noche se reunieron en la casa familiar junto a Lorena, su hija, padres y hermanos. Malena, “su mañosa”, y Mariana cantaron para ella y celebraron el cumpleaños y la recibida. “Fue hermoso”, añadió emocionada.

Esta noche hay fiesta en la casa de los Laricchia, estaremos nosotros, Lorena, su hija, sus padres y hermanos, abriré mis mejores vinos y bebidas, reiremos, cantaremos, comeremos, beberemos y bailaremos.
Este país merece ser vivido.

— Hugo Laricchia 🍷 (@elangelGmendo) November 29, 2019

“Soy hija de bolivianos, ellos nunca tuvieron estudios. Soy la más chica, la primera en recibirme, tener un título universitario y me siento muy orgullosa. Sí, se puede estudiar, ser mamá, trabajar. Se puede hacer todo, hay que tener fuerza voluntad y pedirle a Dios o a lo que crean, pedir y continuar porque se puede salir adelante, si uno hace las cosas bien, se puede”, reflexionó la Seño.

En ese sentido añadió: “Un hijo no te priva de nada, entiende, más que uno los deja solos después es gratificante porque ellos también se ponen contentos de los logros de sus mamás”.

A partir del lunes, Lorena volverá al hogar de los Laricchia a seguir trabajando mientras realiza los trámites del analítico y del título para el puntaje y obtener lo necesario para aplicar para un trabajo en un jardín de infantes para el próximo ciclo lectivo y así, estrenar su tan ansiado profesorado. 

“Costar cuesta mucho, pero a los sueños hay que cumplirlos, por más que cueste porque se siente otra cosa. Hoy me siento completa, me siento feliz”, concluyó.